Leer «El infinito en un junco», un ensayo de Irene Vallejo, para disfrutar de un viaje por la historia de los libros



Solo puede haberse escrito esta obra desde el amor casi reverencial por los libros y, sobre todo, por la escritura, esta habilidad estrictamente humana que ha permitido trascender personas, épocas y regiones.

Adentrándome en «El túnel», una novela de Ernesto Sabato


En ocasiones uno lee porque no sabe hacer nada mejor. Unas veces se disfruta, otras no tanto; frecuentemente se está deseando llegar al final; en pocas se desearía demorarlo para siempre. Que pase una cosa u otra depende del libro, claro, pero también del estado de ánimo con que uno se encuentre, de las expectativas, del hueco que el libro pretendía llenar.

Reflexionemos sobre la dignidad con «Los restos del día», una novela de Kazuo Ishiguro


Un buen libro puede entretener pero, sobre todo, debería hacer pensar, tendría que hacernos dudar de nuestras creencias; si solo las confirma, habremos pasado un buen rato leyéndolo, pero inmediatamente después de terminarlo nos ocuparemos de lo siguiente en nuestra lista de actividades diarias sin que se vuelva a rememorar lo leído; si acaso, se buscará otra lectura del mismo autor.

Muchos más que «Padres e hijos» en la novela de Ivan S. Turguéniev


Al margen de lo que conocía de esta novela por lo que he leído en otros libros (sociología de la prerevolución rusa), no me cabe duda de que Turguéniev pretendía mucho más que mostrar unos cuantos caracteres sociales. Más bien creo que, aprovechando o poniendo como excusa esos caracteres, el autor intentó reflejar en su obra la eterna división de la naturaleza humana basada en el siguiente planteamiento: cuanto más consciente se es de nuestra condición existencial, menos feliz se puede llegar a ser. Además, una vez que se sabe lo que se es, es casi imposible regresar al estado de ignorancia que permitía ser feliz, como sucede, por ejemplo, con el paso de la juventud a la madurez. En aquélla todo era ilusión porque no se hacían preguntas acerca de la propia situación personal. En la madurez ha desaparecido la ilusión ya que se sabe cuál será el final, de modo que las preguntas que se hacen ya no tienen respuesta.

El atrevimiento de «El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde», de Robert Louis Stevenson


Si nos fiamos del tópico, esta novela corta, o nouvelle, es una alegoría de la naturaleza dual del ser humano: el bien y el mal luchan sin descanso y del enfrentamiento resultan buenas personas, malvadas y, en la mayoría de los casos, personas normales en las que no predomina ninguno de los dos perfiles, o al menos durante mucho tiempo. Esta sencilla categorización, bastante maniquea, me ha recordado una algo más sofisticada de Carlo Maria Cipolla, de su libro Allegro ma non troppo, que divide a la humanidad en cuatro grupos, de menos a más deseables: los estúpidos (se perjudican ellos y perjudican a los demás), 
los malvados (se benefician ellos a costa de perjudicar a los demás), los incautos (se perjudican a sí mismos aunque benefician a los demás) y los inteligentes (actúan tanto en su beneficio como en el de los demás). A poco que nos paremos a pensar, seguro que se nos ocurren más subdivisiones, dada la enorme complejidad y diversidad de la que estamos dotados como especie. Tras esta pequeña digresión, que pretendía cuestionar el tópico dualista tan extendido para justificar la novela de Stevenson, regreso a aquella.

Yo también hablo de «El guardián entre el centeno», novela de J.D. Salinger

 


He aquí un libro que no deja indiferente. O te enamoras de él o lo odias. O descubres mil facetas de la naturaleza humana que te confirman lo que ya sospechabas, o no encuentras ningún sentido a los tres días en los que transcurre la aparentemente trivial aventura de Holden, el protagonista adolescente. O alucinas con la habilidad del autor para caracterizar a cada uno de los personajes a través de sus diálogos, sobre todo a los más jóvenes, o reniegas del lenguaje barriobajero, muchas veces soez, de Holden. O...

Como casi siempre, una novela no es más que un espejo en el que se refleja el lector: si lo que ve en el novela/espejo le gusta o, lo que es lo mismo, se reconoce a sí mismo en algún aspecto, la obra colmará sus expectativas; en caso contrario buscará hasta encontrar motivos para justificar su desagrado. Es más, cuanto mejor sea el libro más bruñido será el espejo y mejor reflejo dará. Y «El guardián entre el centeno» 'refleja' estupendamente bien. A propósito del título, me parece genial de tan intrigante, en especial al aparentar una nula relación con el argumento. Podría ser tanto una historia detectivesca como de ciencia ficción. No es ni la una ni la otra. Es necesario avanzar bastante en la historia para encontrar su origen, a la vez visual y metafórico.

Me reconozco prejuicioso con los libros famosos de los que todo el mundo habla, para bien o para mal, y por ello fui demorando la lectura de «El guardián entre el centeno» hasta que el número de recomendaciones que recibí superó el de ninguna otra obra. No tuve excusa, a pesar de que ya no era el adolescente para el que suele recomendarse esta obra.

En conjunto podría parecer una historia que rezuma desesperanza por la humanidad, al comprobar cómo se comportan los adultos, aun los más respetables. Sin embargo, no es difícil encontrar pequeños relámpagos que impiden que nos caigamos por el precipicio.

Si para disfrutar de cualquier novela conviene que no juzguemos mientras leemos y que nos dejemos llevar, en esta es imperativo ver con los ojos del muchacho protagonista para llegar a entender cómo piensa y siente. Si lo hacemos, sufriremos con él y nos rendiremos a la maestría de esta novela.

Unos pocos fragmentos que no me he resistido a anotar:

—Si me sintiera un poco mejor, tendría que llamar al médico —dijo Spencer.

Le ponía negro que le llamara «tarado». No sé por qué, pero a todos los tarados les revienta que se lo digan.

Buddy Singer y su orquesta tocaban esa canción que se llama «Just one of those things», y por muchos esfuerzos que hacían no lograban destrozarla del todo.

No hay sala de fiestas en el mundo entero que se pueda soportar mucho tiempo a no ser que pueda uno emborracharse o que vaya con una mujer que le vuelva loco de verdad.

Me paso el día entero diciendo que estoy encantado de haberlas conocido a personas que me importan un comino. Pero supongo que si uno quiere seguir viviendo, tiene que decir tonterías de esas.

Antes yo era tan tonto que la consideraba inteligente porque sabía bastante de literatura y de teatro, y cuando alguien sabe de esas cosas cuesta mucho trabajo llegar a averiguar si es estúpido o no.

Lo más gracioso es que tenía al lado a una señora que no dejó de llorar en todo el tiempo. Cuanto más cursi se ponía la película, más lagrimones echaba. Pensarán que lloraba porque era muy buena persona, pero yo estaba sentado al lado suyo y les digo que no. Iba con un niño que se pasó las dos horas diciendo que tenía que ir al baño, y ella no le hizo ni caso. Sólo se volvía para decirle que a ver si se callaba y se estaba quieto de una vez. Lo que es ésa, tenía el corazón de una hiena. Todos los que lloran como cosacos con esa imbecilidad de películas suelen ser luego unos cabrones de mucho cuidado. De verdad.

… es muy difícil estar esperando a que alguien termine de pensar y diga algo.

Viajando con Matsuo Bashô por las «Sendas de Oku»


Más allá del soneto y hasta de la medieval cuaderna vía, existe poesía. El haiku es un ejemplo de ello. Los primeros haikus se suponen escritos en Japón tan temprano como en el siglo VIII, aunque se acepta que no se llegó a la plenitud de su desarrollo hasta el XVII, gracias al monje Matsuo Bashô, autor del librito que acabo de leer.

«Queremos tanto a Glenda» y a Julio Cortázar, el autor de este libro

Continúo visitando a mi admirado Cortázar, siempre como un aficionado que se asoma a su prosa con el ansia de disfrutarla y, de rebote, esperar que alguna pizca de su maestría decida habitarme.

El Existencialismo de Sartre a través de su novela «La náusea»

Por lo que creía saber de Sartre como filósofo esperaba que esta fuera una novela de lectura difícil. No lo ha sido en absoluto. El argumento de la historia es claro, la prosa es sorprendentemente accesible sin que renuncie a mostrar las emociones más íntimas del protagonista, Antoine Roquentin, un alterego, parece, del autor.

Me ha agotado mi segundo acercamiento a Byung-Chul Han,«La sociedad de la transparencia»

Me ha venido grande. Cuando leí el ensayo La sociedad del cansancio, también de Han, quise continuar profundizando en el pensamiento de este filósofo contemporáneo. Me equivoqué. La sociedad de la transparencia me ha resultado demasiado inextricable; como en estos ejemplos:

Otro más que quiere descifrar «Alicia en el País de las Maravillas», de Lewis Carroll

Libro infantil para unos y, para otros, obra maestra del género nonsense (sin sentido), género solo apto para adultos. Leer Alicia en el País de las Maravillas siempre ha supuesto un reto para mí precisamente por aquella dualidad, agravada por conocer la totalidad de la historia tras haber visto varias veces la película homónima de Disney.

Sigo desorientado tras releer «La tercera mentira», de Agota Kristoff

En pocas novelas como en esta me ha costado tanto empezar a escribir sobre ellas. Normalmente hay algún aspecto que resalta sobre los demás y que me sirve de chispa para iniciar el comentario. Con La tercera mentira no solo no he encontrado ese punto de arranque sino que me mantiene desconcertado. ¿Fue esta la intención de la autora, ofuscar al lector, romperle sus esquemas? Nunca lo sabremos.

Destrozado pero feliz tras empaparme con «La lluvia amarilla», novela de Julio Llamazares


Escuché decir a Julio Llamazares, autor de esta novela, que la auténtica literatura no se conforma con entretener sino que, sobre todo, busca provocar emociones. Hace tiempo habría coincidido con él; sin embargo, reconozco que he ido cambiando (no me atrevo a decir «evolucionando»), y ahora ya no estoy tan seguro. El no aburrimiento o «entretención», como la denomina el escritor Alejandro Zambra en su ensayo Tema libre, se da si existe emoción. Uno se entretiene jugando al parchís porque se emociona al jugar, por poco que sea. Lo que, traducido a la literatura, vendría a decir que todos los lectores buscan emocionarse, unos mediante la «entretención», otros mediante el descubrimiento de nuevas y afortunadas metáforas, otros con una intriga galopante, otros...

Continúo con Agota Kristof gracias a su novela «La prueba»

Segundo libro de la trilogía Claus y Lucas. En el primero, El gran cuaderno, que ya comenté en este blog, aquí, dos hermanos escriben sus memorias, hasta que se separan. En esta ocasión Lucas, uno de los niños, ya es un joven adulto que vive en una ciudad gris de posguerra en la que, sin embargo, surgen personajes que interaccionan con él, a veces a su pesar.

El incendiario «Fahrenheit 451» de Ray Bradbury


Mientras leía este libro me olvidé de mis prejuicios contra la ciencia ficción, y me alegré de haberlo hecho. Gracias a ello he podido disfrutarlo o, lo que es lo mismo, sentir las angustias y las esperanzas del protagonista, Montag, a pesar de situarse en un mundo distópico, tan lejano de mis lecturas habituales.

Un interesante pero difícil ensayo de Emilio Lledó: «El silencio de la escritura»

Con este libro me equivoqué. Me lo recomendó un amigo, creo que porque me supone mejor escritor de lo que en realidad soy. Me ha costado horrores entenderlo y, no lo he conseguido siempre, pero de vez en cuando, más bien de tarde en tarde, aparecía una «perla» que me convencía para no abandonar.

Por fin mi novela, «Viento», ya está disponible en Amazon



«¿Cuándo es demasiado tarde para cambiar en la vida? Esta pregunta y otras parecidas tuvo que hacerse Jon, el protagonista de esta novela. La forma en la que respondió no le resultó la más cómoda, pero es que preguntas cómo aquella requieren de un valor no muy extendido entre nosotros. Para ello, Jon tuvo que ir hasta Nueva York para renacer, pero ¿fue suficiente con eso? Tendrías que leer su historia para saberlo.»

La profunda sencillez de «Intemperie», una novela de Jesús Carrasco


De tanto husmear en las palabras se me había olvidado el placer que se siente al leer algo bien escrito, hasta el punto de que necesito decir que este libro me ha encantando (¡qué poco me gusta esta palabra!). Todo ello a pesar de que cuenta con poco más de tres personajes que se mueven dentro de un argumento aparentemente trivial, aunque con un fuerte trasfondo emotivo. Hasta se le perdona que, a veces, recurra a comparaciones y metáforas que me resultan excesivas o traídas por los pelos.

Massimo Pigliucci nos enseña en su libro «Cómo ser un estoico»

Por tortuosos caminos he terminado por dedicar algún tiempo a la lectura de textos de Filosofía y, en especial, de Filosofía Estoica. Un viaje sin pretensiones eruditas ni de una formación integral en la historia de dicha materia. Simplemente fue una curiosidad surgida a partir de algo oído en un medio y que germinó como semilla en terreno abonado.

El diario de unos niños durante la guerra, en «El gran cuaderno», novela de Agota Kristof

Dos niños, o uno desdoblado, escriben en un cuaderno sus vivencias durante un período de guerra. Sin padres que los eduquen, ellos mismos aprenden y elaboran su propia ética.

Las ocho caras de Julio Cortázar en «Octaedro», su libro de cuentos

Octaedro. s.m. 1 Poliedro de ocho caras o planos. 2 Libro de Julio Cortázar publicado en 1974 y que incluye ocho cuentos largos sin un tema común.

Las interminables peripecias de Rufo en «El rey recibe», una novela de Eduardo Mendoza

Por mucho que aprecie a los clásicos y a otros autores consagrados, por no decir confiables, ya estaba necesitando leer la obra de algún escritor vivo. Y lo he hecho con Eduardo Mendoza y su novela «El rey recibe». Después de leerla, me he enterado de que se trata del primer título de la futura trilogía «Las tres leyes del movimiento»; quizá por ello el final me ha defraudado y de ahí que, a pesar de que Eduardo Mendoza sea un autor que sigo, no creo que continúe con «El negociado del yin y el yang», el siguiente título de la serie.

Mi delito: no terminar «El proceso», una novela de Franz Kafka

Empiezo a preocuparme: otro libro que abandono, y este es de Franz Kafka. Siento que estoy cometiendo un delito, aunque, a diferencia del protagonista de este relato, yo sí sé cuál sería: incapacidad para apreciar la calidad de una obra maestra de uno de los autores más influyentes de la literatura universal. Menos mal que después de perpetrar el delito me ha consolado saber que se trata de una novela que Kafka dejó inconclusa.

¿Te atreves a pensar críticamente, como recomienda José Carlos Ruiz en «El arte de pensar»?

Durante mi pasado y errático periplo filosofal me topé con este libro. En aquel tiempo quise profundizar en la historia de la Filosofía, en especial en la de los estoicos; en uno de los descansos, en los que suelo cambiar de actividad, vi en Youtube  una conferencia de José Carlos Ruiz ( https://youtu.be/u2G5hSsC1UI ) titulada Filosofía para cuestionar el mundo que nos rodea, conferencia que seguí con creciente interés según transcurrían los minutos. Como me suele pasar, terminar el vídeo, buscar la biografía del conferenciante en wikipedia y comprar su último libro, este que comento, fue cosa de unos cuantos clics en el ordenador.

Preguntas y más preguntas acerca de «La perla», novela de John Steinbeck

Cuando se termina de leer un libro, uno suele saber si le ha gustado o no. Sin embargo, en ocasiones no sabemos por qué, sobre todo si es un buen libro. ¿Ha sido por la historia?, ¿fue la forma de contarla?, ¿no fue por tal o cual personaje que nos encantó o nos disgustó?, ¿o fue responsabilidad del estilo narrativo, abarrotado de eficaces metáforas geniales o, por lo contrario, por su sencillez, que rozaba la crudeza?, ¿acaso ese final nos ha dejado traspuestos?, ¿quizás fueron los temas subyacentes?, ¿tal vez la originalidad de la trama?

El regreso de «El amante», novela de Marguerite Duras, por Soledad Blanco

Marguerite Duras reaparece en este blog (aquí antes), en esta ocasión de la pluma de Soledad Blanco, demostración de la riqueza y capacidad evocadora de esta novela.

Conviene que nos dirijamos hacia «La sociedad del cansancio» que propone Byung-Chul Han

Sentirse aludido es el mejor acicate para continuar leyendo y esto es lo que me ha pasado con este librito de 80 páginas. Salvo por mi nombre, me reconocía por todo lo demás, en especial por mi necesidad de sentirme activo en todo momento, algo que Han relaciona con la sociedad del rendimiento en la que nos encontramos los occidentales. En esta sociedad, cada persona es, a la vez, empleado y jefe; amparado en su conciencia de libertad, esta persona decide aprovechar su tiempo al máximo de forma que no haya tiempo para el ocio ni, menos, para el aburrimiento. Y este 'no parar' deviene en incapacidad para observar su propia vida con la calma necesaria para darse cuenta del rumbo que lleva. De ahí la proliferación de enfermos neuronales que sienten vacío existencial a la menor crisis.

El campo español de la posguerra civil a través del «Viaje a la Alcarria», de Camilo José Cela

«El viajero está echado, boca arriba, sobre una chaise-longue forrada de cretona.». Así empieza este libro. No parece que un narrador armado con una cámara de vídeo nos cuenta en tiempo real lo que hace el protagonista, todo lo que ve y le sucede. Antes de empezar sabemos que el protagonista es el mismo autor, por lo que resulta algo extraña esa otra voz que no es ni la del autor ni la del personaje. Al poco, uno se acostumbra y llega a creerse que está "leyendo" una película.

Las contradicciones humanas que presenta Milan Kundera en «La insoportable levedad del ser»

Comienzo por el narrador. Hasta ahora, cuando en una novela el narrador cuenta la historia en primera persona había sobreentendido que se trataba de algún personaje, principal o secundario, con algún interés en la trama. Por eso no podría ser alguien omnisciente. En «La insoportable levedad del ser» Milan Kundera rompe los moldes y utiliza un narrador en primera persona que es, además, omnisciente. Alguien así, solo podría ser el autor, cosa que se confirma ya avanzada la novela al hablar de su proceso de escritura y de los personajes en sí. Pero este desconcierto se acrecienta porque, al menos para mí, la historia carece de un gancho que mantenga el interés del lector por continuar con la lectura ya que, aparentemente, no hay una pregunta dramática que sostenga la intriga.

Saramago se acerca a este blog con su novela «Caín»

Saramago se acerca por primera vez a este blog de la mano de Soledad Blanco. Dejemos que hable a través de ella:

«Historia de la Filosofía sin temor ni temblor», un libro de Fernando Savater

Echaba en falta un paseo por la historia de la Filosofía; este ha sido ligero, pero tan sustancioso, que he terminado con deseos de profundizar más. Muchos filósofos con tanto que decir que, inevitablemente, me he quedado con la sensación, algo culpable, de que soy injusto con ellos, por no acordarme con precisión de cuál era el pensamiento de cada uno.

La visión de Alberto Méndez en «Los girasoles ciegos»

Después de más de cuatro años escribiendo artículos en este blog he terminado por darme cuenta de que, quizás, no sea lo mejor para el lector que comente todos y cada uno de los libros que leo. Tal vez convenga reducir la frecuencia de publicación y hacerlo solo para aquellos libros cuya lectura me haya motivado especialmente. Parece de sentido común que el ritmo de lectura no tiene por qué coincidir con el de publicación en este blog. De hecho, forzar este último a aquel seguro que redunda en una menor calidad de mis comentarios. Espero no equivocarme.

La preciosista novela de Yasunari Kawabata «La casa de las bellas durmientes»

Cuando Yasunari Kawabata publicó «La casa de las bellas durmientes» acababa de dejar atrás sus primeros sesenta años de vida y le quedaban por cumplir once más. Probablemente, en aquella época vislumbraba la decadencia que, vista en positivo, debería liberarnos de las premuras carnales para dejarnos en manos de la melancolía; melancolía que no deja de ser una forma de felicidad, quizás su única forma, la del recuerdo del pasado, nunca la observación del presente ni, menos, la del futuro.

Nuevas noticias de Eduardo Mendoza en su libro «Sin noticias de Gurb»

«Tras zamparme veinticinco churros mojados en un cubo de chocolate, me dispongo a escribir estas lineas acerca de esta novela, por llamar de alguna manera a este libro o lo que sea». De este tenor debería ser un comentario medianamente coherente con esta obra.

Redescubriendo a Francisco Umbral en «Mortal y rosa»

Empecé a leer esta obra creyendo que era una novela y resultó ser un libro de memorias. Aunque, bien mirado, ¿qué novela no es autobiográfica? Recuerdo haber escuchado al autor, Francisco Umbral, que todos sus libros eran autobiográficos, ya fueran novelas, relatos, poemas o, incluso, artículos periodísticos. Desde luego, esta forma de entender la creación literaria no es original de Umbral; hace poco la compartía Javier Cercas en este artículo al confesar que «Toda novela es una autobiografía enmascarada».

El valor de las repeticiones en «Cinco horas con Mario», novela de Miguel Delibes

Como me ha sucedido en ocasiones, comencé a leer este libro con la sensación de ser uno de los pocos españoles que aún no lo había leído. Pues bien, ya he dejado de pertenecer a dicho iletrado grupo.

Abrasándome con «Todos los fuegos el fuego», de Julio Cortázar

Ocho cuentos de mi venerado Cortázar. Esta recopilación, publicada por primera vez en 1966, se une a las que ya he leído (La otra orilla, Final del juego y Alguien que anda por ahí). Como me sucedió en estos otros casos, he encontrado cuentos —tres, en este libro— que me han parecido inmejorables, alguno muy bueno y los demás —cuatro, en este caso— estupendamente bien escritos, pero con los que no he conectado.

El romanticismo de «Las penas del joven Werther», la novela corta de Johann W. Goethe

Nombrar a Goethe es como nombrar a Cervantes o Shakespeare; alguien que roza la divinidad literaria (sección romántica, en este caso). 

«Aura», el libro que te habla, de Carlos Fuentes

Nada más empezar, te impresiona que el libro se dirija a ti. Es muy poco frecuente en una novela (algo más en los cuentos) un narrador en segunda persona que parece que te hablara, precisamente a ti:
«Lees este anuncio: una oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más. Distraído, dejas que la ceniza del cigarro caiga dentro de la taza de té que has estado bebiendo en este cafetín sucio y barato. Tú releerás.»

«Trabajo, consumismo y nuevos pobres», un clarividente ensayo de Zygmunt Bauman


La ética del trabajo y la sociedad de consumo, la evolución de una a otra y las consecuencias sobre los pobres. Este puede ser el resumen de este ensayo de Zygmunt Bauman, alguien que definiré como pensador, a falta de una etiqueta más concreta.

Yo venía a hablar del libro de Umbral: «Las ninfas»

Confieso que inicié la lectura de este libro con prejuicios, lo que no es ninguna novedad: Francisco Umbral, como persona, me ha parecido siempre alguien demasiado pagado de sí mismo. Ya sé que no debería dejarme influir por circunstancias no literarias, pero ¡es tan difícil no hacerlo!

El desengaño de «Comer atentos», un libro de Jan Chozen Bays

Esta vez sí voy a hacer un artículo muy corto ya que el libro no merece más.

A vueltas con mis prejuicios en «Amor de perdición», una novela de Camilo Castelo Branco

Otra vez mis prejuicios me han estorbado; esta vez, mientras leía «Amor de perdición», reconocida como la novela más perfecta de Camilo Castelo Branco, uno de los máximos representantes del Romanticismo portugués; representante él mismo del auténtico romántico del siglo XIX, ya que su propia vida no habría desmerecido como argumento novelístico.

Buscando mi poesía en «Descrédito del héroe/Manual de infractores», un poemario de José Manuel Caballero Bonald

Los lectores habituales de este blog saben de mi gran asignatura literaria pendiente: la poesía. También, quizás, de mi empeño por superarla. De ahí que haya leído Descrédito del héroe/Manual de infractores, un libro con dos poemarios seleccionados por su propio autor, José Manuel Caballero Bonald. Aunque están recogidos en un mismo volumen, en realidad los compuso en dos momentos muy diferentes de su vida: Descrédito del héroe, con 51 años (1977) y Manual de infractores, con 79 (2005).

Yo confieso que he abandonado «Yo confieso», una novela de Jaume Cabré

Decir que he abandonado la lectura de un libro después de leer casi 300 páginas puede resultar chocante; no tanto si el libro supera ampliamente las 800 páginas, como «Yo confieso», una novela de Jaume Cabré. Aun así, estoy intranquilo por si esta segunda deserción lectora en los últimos meses pudiera ser un síntoma prematuro de cansancio lector. No habrá quien me consuele diciendo que tengo todo el derecho a abandonar una lectura que no me satisfaga y que hacerlo es una muestra de autovaloración de mi tiempo (sobre todo cuando sabemos que este tiempo no es infinito, como creemos en nuestra inocente juventud).

«Final del juego», recopilación de cuentos de Julio Cortázar, que no será la última que lea

Continúo con las recopilaciones de cuentos de Julio Cortázar (ya comenté en este blog La otra orilla y Alguien que anda por ahí). Aunque tarde, pretendo leer toda la extensa obra corta de este autor. ¿Acaso necesito justificarme por hacerlo? Desde luego que no. Solo diré que, a los obvios motivos imaginables, se añade mi homenaje póstumo a Elena Sánchez Carretero, la persona que me descubrió a Julio Cortázar, a través de su relato «El perseguidor».

La poesía y yo

Estos días ando peleándome con la poesía. Un género que no llego a comprender bien y que me impide apreciar todo su valor; valor que, para unos, los más entendidos del mundo literario, es el máximo que puede aportar la experiencia literaria. Ya anticipé algo de esta dificultad en este mismo blog, aquí.

La esperpéntica lectura de «Las galas del difunto», obra de teatro de Valle-Inclán

«Las galas del difunto» es una de las obras teatrales, nombradas como esperpentos por el propio autor, Valle-Inclán, incluida en la trilogía «Martes de Carnaval». Esperpentos, en mi opinión, no tanto porque se presente la realidad de una forma grotesca como amplificada: los malhablados hablan peor, los 'agarrados' son tacaños, los comilones se convierten en glotones, ... ¿Para qué? para hacer más visible al espectador los temas que le interesan al autor; en este caso, el absurdo de las guerras o el despotismo de los poderosos.

Las matemáticas y Julio Cortázar




Puede que alguno quiera matarme cuando sepa que he aplicado matemáticas a Julio Cortázar. ¿Medir lo inconmensurable? Imposible, dirá otro más comedido. Bobadas, dirá alguien más soso. Pero nos guste o no, todo es susceptible de ser cuantificado; y lo que no lo es, no lo es porque todavía no se ha descubierto cómo hacerlo, pero lo será.

No nos dejemos engañar cuando la perversa niña nos enreda en sus «Memorias de Leticia Valle», una novela de Rosa Chacel

Agradecido, cedo este espacio para que Soledad nos emocione nuevamente con esta original y personal reseña.


Tus negros bucles han contribuido, sí. No obstante, no solo han sido los tirabuzones, también has empleado tu habilidad para tejer situaciones. Verdaderamente eres muy talentosa. Tienes doce años, eres una chiquita bien lista.

Unas minucias acerca de la prodigiosa estructura de «La ciudad y los perros», la novela de Mario Vargas Llosa

A cuento de esta novela, Vargas Llosa solía comentar una anécdota en la que un crítico francés, tras manifestar que le había gustado mucho La ciudad y los perros, le espetaba «Usted se equivoca. Usted no entiende su novela».

El mago Aldecoa en «El corazón y otros frutos amargos»

Cuando casi aún no me afeitaba cayó en mis manos esta recopilación de cuentos y escribí:

«Este librito me lo leí, sobre todo, en el viaje en autobús de una hora desde el trabajo a casa. Cuando me bajé de él, pensé que las nubes habían sido el medio de trasporte utilizado: me sentía flotar. Y nadie en el autobús se había enterado. Qué más puedo pedir teniendo, como tengo, la suerte de sumergirme y emocionarme con libros como éste.»

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