¿Te atrever a pensar críticamente, como recomienda José Carlos Ruiz en «El arte de pensar»?

Durante mi pasado y errático periplo filosofal me topé con este libro. En aquel tiempo quise profundizar en la historia de la Filosofía, en especial en la de los estoicos; en uno de los descansos, en los que suelo cambiar de actividad, vi en Youtube  una conferencia de José Carlos Ruiz ( https://youtu.be/u2G5hSsC1UI ) titulada Filosofía para cuestionar el mundo que nos rodea, conferencia que seguí con creciente interés según transcurrían los minutos. Como me suele pasar, terminar el vídeo, buscar la biografía del conferenciante en wikipedia y comprar su último libro, este que comento, fue cosa de unos cuantos clics en el ordenador.

Preguntas y más preguntas acerca de «La perla», novela de John Steinbeck

Cuando se termina de leer un libro, uno suele saber si le ha gustado o no. Sin embargo, en ocasiones no sabemos por qué, sobre todo si es un buen libro. ¿Ha sido por la historia?, ¿fue la forma de contarla?, ¿no fue por tal o cual personaje que nos encantó o nos disgustó?, ¿o fue responsabilidad del estilo narrativo, abarrotado de eficaces metáforas geniales o, por lo contrario, por su sencillez, que rozaba la crudeza?, ¿acaso ese final nos ha dejado traspuestos?, ¿quizás fueron los temas subyacentes?, ¿tal vez la originalidad de la trama?

El regreso de «El amante», novela de Marguerite Duras, por Soledad Blanco

Marguerite Duras reaparece en este blog (aquí antes), en esta ocasión de la pluma de Soledad Blanco, demostración de la riqueza y capacidad evocadora de esta novela.

Conviene que nos dirijamos hacia «La sociedad del cansancio» que propone Byung-Chul Han

Sentirse aludido es el mejor acicate para continuar leyendo y esto es lo que me ha pasado con este librito de 80 páginas. Salvo por mi nombre, me reconocía por todo lo demás, en especial por mi necesidad de sentirme activo en todo momento, algo que Han relaciona con la sociedad del rendimiento en la que nos encontramos los occidentales. En esta sociedad, cada persona es, a la vez, empleado y jefe; amparado en su conciencia de libertad, esta persona decide aprovechar su tiempo al máximo de forma que no haya tiempo para el ocio ni, menos, para el aburrimiento. Y este 'no parar' deviene en incapacidad para observar su propia vida con la calma necesaria para darse cuenta del rumbo que lleva. De ahí la proliferación de enfermos neuronales que sienten vacío existencial a la menor crisis.

El campo español de la posguerra civil a través del «Viaje a la Alcarria», de Camilo José Cela

«El viajero está echado, boca arriba, sobre una chaise-longue forrada de cretona.». Así empieza este libro. No parece que un narrador armado con una cámara de vídeo nos cuenta en tiempo real lo que hace el protagonista, todo lo que ve y le sucede. Antes de empezar sabemos que el protagonista es el mismo autor, por lo que resulta algo extraña esa otra voz que no es ni la del autor ni la del personaje. Al poco, uno se acostumbra y llega a creerse que está "leyendo" una película.

Las contradicciones humanas que presenta Milan Kundera en «La insoportable levedad del ser»

Comienzo por el narrador. Hasta ahora, cuando en una novela el narrador cuenta la historia en primera persona había sobreentendido que se trataba de algún personaje, principal o secundario, con algún interés en la trama. Por eso no podría ser alguien omnisciente. En «La insoportable levedad del ser» Milan Kundera rompe los moldes y utiliza un narrador en primera persona que es, además, omnisciente. Alguien así, solo podría ser el autor, cosa que se confirma ya avanzada la novela al hablar de su proceso de escritura y de los personajes en sí. Pero este desconcierto se acrecienta porque, al menos para mí, la historia carece de un gancho que mantenga el interés del lector por continuar con la lectura ya que, aparentemente, no hay una pregunta dramática que sostenga la intriga.

Saramago se acerca a este blog con su novela «Caín»

Saramago se acerca por primera vez a este blog de la mano de Soledad Blanco. Dejemos que hable a través de ella:

«Historia de la Filosofía sin temor ni temblor», un libro de Fernando Savater

Echaba en falta un paseo por la historia de la Filosofía; este ha sido ligero, pero tan sustancioso, que he terminado con deseos de profundizar más. Muchos filósofos con tanto que decir que, inevitablemente, me he quedado con la sensación, algo culpable, de que soy injusto con ellos, por no acordarme con precisión de cuál era el pensamiento de cada uno.

La visión de Alberto Méndez en «Los girasoles ciegos»

Después de más de cuatro años escribiendo artículos en este blog he terminado por darme cuenta de que, quizás, no sea lo mejor para el lector que comente todos y cada uno de los libros que leo. Tal vez convenga reducir la frecuencia de publicación y hacerlo solo para aquellos libros cuya lectura me haya motivado especialmente. Parece de sentido común que el ritmo de lectura no tiene por qué coincidir con el de publicación en este blog. De hecho, forzar este último a aquel seguro que redunda en una menor calidad de mis comentarios. Espero no equivocarme.

La preciosista novela de Yasunari Kawabata «La casa de las bellas durmientes»

Cuando Yasunari Kawabata publicó «La casa de las bellas durmientes» acababa de dejar atrás sus primeros sesenta años de vida y le quedaban por cumplir once más. Probablemente, en aquella época vislumbraba la decadencia que, vista en positivo, debería liberarnos de las premuras carnales para dejarnos en manos de la melancolía; melancolía que no deja de ser una forma de felicidad, quizás su única forma, la del recuerdo del pasado, nunca la observación del presente ni, menos, la del futuro.

Nuevas noticias de Eduardo Mendoza en su libro «Sin noticias de Gurb»

«Tras zamparme veinticinco churros mojados en un cubo de chocolate, me dispongo a escribir estas lineas acerca de esta novela, por llamar de alguna manera a este libro o lo que sea». De este tenor debería ser un comentario medianamente coherente con esta obra.

Redescubriendo a Francisco Umbral en «Mortal y rosa»

Empecé a leer esta obra creyendo que era una novela y resultó ser un libro de memorias. Aunque, bien mirado, ¿qué novela no es autobiográfica? Recuerdo haber escuchado al autor, Francisco Umbral, que todos sus libros eran autobiográficos, ya fueran novelas, relatos, poemas o, incluso, artículos periodísticos. Desde luego, esta forma de entender la creación literaria no es original de Umbral; hace poco la compartía Javier Cercas (La verdad de las máscaras), quien decía que «Toda novela es una autobiografía enmascarada».

El valor de las repeticiones en «Cinco horas con Mario», novela de Miguel Delibes

Como me ha sucedido en ocasiones, comencé a leer este libro con la sensación de ser uno de los pocos españoles que aún no lo había leído. Pues bien, ya he dejado de pertenecer a dicho iletrado grupo.

Abrasándome con «Todos los fuegos el fuego», de Julio Cortázar

Ocho cuentos de mi venerado Cortázar. Esta recopilación, publicada por primera vez en 1966, se une a las que ya he leído (La otra orilla, Final del juego y Alguien que anda por ahí). Como me sucedió en estos otros casos, he encontrado cuentos —tres, en este libro— que me han parecido inmejorables, alguno muy bueno y los demás —cuatro, en este caso— estupendamente bien escritos, pero con los que no he conectado.

El romanticismo de «Las penas del joven Werther», la novela corta de Johann W. Goethe

Nombrar a Goethe es como nombrar a Cervantes o Shakespeare; alguien que roza la divinidad literaria (sección romántica, en este caso). 

«Aura», el libro que te habla, de Carlos Fuentes

Nada más empezar, te impresiona que el libro se dirija a ti. Es muy poco frecuente en una novela (algo más en los cuentos) un narrador en segunda persona que parece que te hablara, precisamente a ti:
«Lees este anuncio: una oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más. Distraído, dejas que la ceniza del cigarro caiga dentro de la taza de té que has estado bebiendo en este cafetín sucio y barato. Tú releerás.»

«Trabajo, consumismo y nuevos pobres», un clarividente ensayo de Zygmunt Bauman

La ética del trabajo y la sociedad de consumo, la evolución de una a otra y las consecuencias sobre los pobres. Este puede ser el resumen de este ensayo de Zygmunt Bauman, alguien que definiré como pensador, a falta de una etiqueta más concreta.

Yo venía a hablar del libro de Umbral: «Las ninfas»

Confieso que inicié la lectura de este libro con prejuicios, lo que no es ninguna novedad: Francisco Umbral, como persona, me ha parecido siempre alguien demasiado pagado de sí mismo. Ya sé que no debería dejarme influir por circunstancias no literarias, pero ¡es tan difícil no hacerlo!

El desengaño de «Comer atentos», un libro de Jan Chozen Bays

Esta vez sí voy a hacer un artículo muy corto ya que el libro no merece más.

A vueltas con mis prejuicios en «Amor de perdición», una novela de Camilo Castelo Branco

Otra vez mis prejuicios me han estorbado; esta vez, mientras leía «Amor de perdición», reconocida como la novela más perfecta de Camilo Castelo Branco, uno de los máximos representantes del Romanticismo portugués; representante él mismo del auténtico romántico del siglo XIX, ya que su propia vida no habría desmerecido como argumento novelístico.

Buscando mi poesía en «Descrédito del héroe/Manual de infractores», un poemario de José Manuel Caballero Bonald

Los lectores habituales de este blog saben de mi gran asignatura literaria pendiente: la poesía. También, quizás, de mi empeño por superarla. De ahí que haya leído Descrédito del héroe/Manual de infractores, un libro con dos poemarios seleccionados por su propio autor, José Manuel Caballero Bonald. Aunque están recogidos en un mismo volumen, en realidad los compuso en dos momentos muy diferentes de su vida: Descrédito del héroe, con 51 años (1977) y Manual de infractores, con 79 (2005).

Yo confieso que he abandonado «Yo confieso», una novela de Jaume Cabré

Decir que he abandonado la lectura de un libro después de leer casi 300 páginas puede resultar chocante; no tanto si el libro supera ampliamente las 800 páginas, como «Yo confieso», una novela de Jaume Cabré. Aun así, estoy intranquilo por si esta segunda deserción lectora en los últimos meses pudiera ser un síntoma prematuro de cansancio lector. No habrá quien me consuele diciendo que tengo todo el derecho a abandonar una lectura que no me satisfaga y que hacerlo es una muestra de autovaloración de mi tiempo (sobre todo cuando sabemos que este tiempo no es infinito, como creemos en nuestra inocente juventud).

«Final del juego», recopilación de cuentos de Julio Cortázar, que no será la última que lea

Continúo con las recopilaciones de cuentos de Julio Cortázar (ya comenté en este blog La otra orilla y Alguien que anda por ahí). Aunque tarde, pretendo leer toda la extensa obra corta de este autor. ¿Acaso necesito justificarme por hacerlo? Desde luego que no. Solo diré que, a los obvios motivos imaginables, se añade mi homenaje póstumo a Elena Sánchez Carretero, la persona que me descubrió a Julio Cortázar, a través de su relato «El perseguidor».

La poesía y yo

Estos días ando peleándome con la poesía. Un género que no llego a comprender bien y que me impide apreciar todo su valor; valor que, para unos, los más entendidos del mundo literario, es el máximo que puede aportar la experiencia literaria. Ya anticipé algo de esta dificultad en este mismo blog, aquí.

La esperpéntica lectura de «Las galas del difunto», obra de teatro de Valle-Inclán

«Las galas del difunto» es una de las obras teatrales, nombradas como esperpentos por el propio autor, Valle-Inclán, incluida en la trilogía «Martes de Carnaval». Esperpentos, en mi opinión, no tanto porque se presente la realidad de una forma grotesca como amplificada: los malhablados hablan peor, los 'agarrados' son tacaños, los comilones se convierten en glotones, ... ¿Para qué? para hacer más visible al espectador los temas que le interesan al autor; en este caso, el absurdo de las guerras o el despotismo de los poderosos.

Las matemáticas y Julio Cortázar




Puede que alguno quiera matarme cuando sepa que he aplicado matemáticas a Julio Cortázar. ¿Medir lo inconmensurable? Imposible, dirá otro más comedido. Bobadas, dirá alguien más soso. Pero nos guste o no, todo es susceptible de ser cuantificado; y lo que no lo es, no lo es porque todavía no se ha descubierto cómo hacerlo, pero lo será.

No nos dejemos engañar cuando la perversa niña nos enreda en sus «Memorias de Leticia Valle», una novela de Rosa Chacel

Agradecido, cedo este espacio para que Soledad nos emocione nuevamente con esta original y personal reseña.


Tus negros bucles han contribuido, sí. No obstante, no solo han sido los tirabuzones, también has empleado tu habilidad para tejer situaciones. Verdaderamente eres muy talentosa. Tienes doce años, eres una chiquita bien lista.

Unas minucias acerca de la prodigiosa estructura de «La ciudad y los perros», la novela de Mario Vargas Llosa

A cuento de esta novela, Vargas Llosa solía comentar una anécdota en la que un crítico francés, tras manifestar que le había gustado mucho La ciudad y los perros, le espetaba «Usted se equivoca. Usted no entiende su novela».

El mago Aldecoa en «El corazón y otros frutos amargos»

Cuando casi aún no me afeitaba cayó en mis manos esta recopilación de cuentos y escribí:

«Este librito me lo leí, sobre todo, en el viaje en autobús de una hora desde el trabajo a casa. Cuando me bajé de él, pensé que las nubes habían sido el medio de trasporte utilizado: me sentía flotar. Y nadie en el autobús se había enterado. Qué más puedo pedir teniendo, como tengo, la suerte de sumergirme y emocionarme con libros como éste.»

Intrigado con «Tres días y una vida», la novela de Pierre Lemaitre

Hace algún tiempo leí Nos vemos allá arriba (aquí mi reseña en el blog). Quedé deslumbrado y me emplacé a seguir leyendo a Lemaitre. Aguanté hasta que he acumulado suficientes recomendaciones, que llegaron sin falta. Y hace unos minutos terminé de leer Tres días y una vida. Creo que nunca me había puesto a comentar un libro con tanta celeridad; hasta ahora dejaba un tiempo, días o semanas, y así esperar que reposara, que emergiera la sustancia de lo leído, aquello que creemos que permanecerá en la memoria. Por eso, estos comentarios deberían ser triviales y nada sesudos, muy alejados de una reseña convencional. ¿Lo conseguiré?

Cómo elijo mi siguiente lectura

Foto de Ugur Akdemir en Unsplash
Mis familiares y amigos se sorprenden de que parezca que haya abandonado los números para ir tras las letras, mientras que algunos de mis actuales colegas escritores no entienden mi ascendiente 'matemático'. Es natural. Todos somos ambivalentes en algún sentido; yo al menos lo soy en mi pasión por la escritura y mi admiración por la ciencia.

El sentido de una vida o «En busca del unicornio», novela de Juan Eslava Galán

Digámoslo así: los libros nos leen a nosotros, no nosotros a ellos. Por eso, suelen ser más lo libros que nos gustan que los que nos disgustan. De hecho, hasta los libros que terminamos sin demasiado entusiasmo, si esperamos un tiempo, nos descubriremos recordando tal o cual aspecto del relato que, incomprensiblemente, resuena en nuestro interior. Esa 'veta' desconocida, a su vez, puede que engarce con el tema de aquel libro o con la estructura de ese otro. Al final, puedes encontrarte redescubriendo la valía del libro que leíste hace algún tiempo. Esto me ha pasado con «En busca del unicornio», una novela de 'efectos retardados'.

Reseña de «Carta de una desconocida», una novela de Stefan Zweig, por Soledad Blanco

Más que una reseña de esta novela, Soledad nos descubre sus reflexiones, tan apasionadas e íntimas, que termina conversando con los protagonistas. Que la disfrutéis:

El Cortázar más joven en «La otra orilla»

En este maratón literario que estoy disfrutando gracias a la obra de Julio Cortázar, era obligado ir al inicio, a la que fue su primera (y despreciada por él mismo) recopilación de cuentos: La otra orilla. De hecho, este volumen fue publicado póstumamente.

«Sé amable contigo mismo», o como dejarte ayudar, por Kristin Neff

«La vida consiste en trabajar todo el día y culparse por esos momentos en los que no se está trabajando». Por esta única frase decidí leer Clavícula, la novela probablemente autobiográfica de Marta Sanz: ¿Acaso me conocía la autora?, pensé. Necesité leer el libro para comprobarlo. La verdad es que en el capítulo en el que aparece dicho fragmento casi no se desarrolla la idea; me habría gustado comprobar si había alguna «cura» contra una vida tan esclavizante como se sugiere; pero la semilla no germinó.

A propósito de Julio Cortázar, «Alguien que anda por ahí»

Voy a terminar por no leer más a Cortázar ya que, aunque sin entenderlo siempre, no dejo de llenar libretas con los fragmentos que anoto. Y eso que no he leído ni la cuarta parte de los noventa cuentos que escribió, si no he contado mal.

Cuando Hemingway la visitó, ¿seguro que «París era una fiesta»?

¿Por qué gustan las biografías y, sobre todo, las autobiografías?; ¿será que disfrutamos comparando nuestra vida con la de otro? Porque, no nos engañemos, nadie sabe de qué va esto: nos soltaron sin un mísero manual de instrucciones; hablo de la vida, claro, pero podría decirlo también de este oficio de escritor. Nadie sabe nada; aún así todos sentimos la necesidad de dirigirnos a los recién llegados, cuando bien sabemos que, si somos honestos, solo deberíamos decirles que no sabemos ni hemos aprendido nada. Y seguro que, Hemingway, al final, era consciente de lo anterior; pero volvamos a su libro.

Cuando no convienen las certezas, como en "El punto ciego", el libro de Javier Cercas

En casi todas mis lecturas tengo en cuenta las recomendaciones de personas cuyo criterio aprecio. Este libro no ha sido la excepción: me lo habían aconsejado tanto escritores como lectores que, presuntamente, no escribían. Esta situación no es frecuente ya que los lectores no escritores suelen gustar de lo lúdico de las obras, mientras que las recomendaciones de los escritores suelen estar orientadas hacia objetivos más utilitarios (cómo mejorar la técnica narrativa, por ejemplo). Pues bien, en este caso, Javier Cercas ha provocado una nueva rara unanimidad lector/escritor ya que las recomendaciones con las que cuento proceden de ambos perfiles.

A veces no me encuentro, como en «Clavícula», el libro de Marta Sanz

Hurgué en mi memoria para buscar significados, temas subyacentes, metáforas que trascendieran la literalidad del texto. ¿Qué era ese dolor clavicular que obsesionaba a la autora?, ¿un trasunto de la sociedad actual?, ¿un aviso de la implacable y futura muerte?, ¿una alegoría de la escritura en cuanto que reflejo de un dolor? Puede ser, o tal vez no. Y es que si me falta el hilo conductor de una historia, el objetivo, se esfuma buena parte del atractivo de la obra, salvo que se compense con otros aspectos.

La vida y la muerte en «El nadador en el mar secreto», de William Kotzwinkle, por Soledad Blanco

Vuelve mi amiga Soledad Blanco a dejarnos sus emocionadas palabras; ahora, tras la lectura de esta obra corta de William Kotzwinkle. Adelante, Soledad:

Con un lenguaje sencillo, sintético y directo narra el paisaje, los entornos, los pocos personajes que intervienen y los sucesos. Con frases mínimas lo ves todo. Me encanta, es literatura. Describe el anhelo, el miedo, la incertidumbre, la fuerza misteriosa de un ser humano dentro del cuerpo de una mujer. ¿Cómo el feto se va transformando en mariposa, por qué esa fuerza misteriosa por salir de ese mar secreto? Nos moriremos sin conocer de dónde procede el misterio de la vida. Sin embargo, lo único cierto de la vida es la muerte. ¿Qué será lo que hacemos aquí, en este planeta? Qué infinita incertidumbre.

«Penélope y las doce criadas», ¿novela? de Margaret Atwood

Otro libro (¿novela?) que me ha sorprendido. Últimamente lo consiguen casi todos. En esta ocasión, el primero que leo de Margaret Atwood me ha parecido todo un 'experimento', un intento de aportar originalidad a la forma en la que se narra una historia gracias, por ejemplo, a la utilización de dos narradores muy especiales:

La carne muerta tirita en «Yo soy El Otro», novela de Berta Vias Mahou

La impostura, consciente o no, vende. E impostamos todos. Unos, la mayoría, una impostura ligera, como cuando imitamos la forma de vestir de alguien, o sus gustos literarios, o su forma de pensar. Una emulación grabada en nuestros genes y cuya finalidad es la continuidad de nuestra especie. Aunque, ¿no era este un blog de literatura?, estarás pensando. Cierto, pero es que la literatura se relaciona con todo, en especial con la antropología ya que ambas indagan en el origen de nuestro ser. Se supone que imitamos a los que admiramos, para parecernos a ellos porque, suponemos, que así viviremos mejor, seremos más felices. Directa o indirectamente, de ello trata la literatura. Y si somos más felices, viviremos más, seremos más atractivos y procrearemos más, último fin de nuestra existencia, y justificación de la antropología.

Partido a cuento de una novela: «Cielos de barro», de Dulce Chacón

Una novela extraña. Con aspectos que me han gustado mucho y otros que no me han gustado tanto. Empiezo por lo más positivo, al menos para mí.

Por qué nos complicamos tanto la vida, o «El acoso», de Alejo Carpentier

Empecé a leer esta novela corta condicionado por las referencias a la complejidad de la narrativa de Carpentier. Hace unos quince años, tuve un primer indicio de dicha dificultad mientras leía Viaje a la semilla, uno de sus cuentos más afamados.

Otra ¿buena? novela de Paul Auster: «Brooklyn Follies»

Volviendo a mis prejuicios, a Paul Auster lo tengo encasillado como un autor de best-sellers de «prestigio», un ejemplo de escritor de masas que, para conseguirlo, no renuncia a un nivel mínimo de calidad. Y ello, a pesar de que lo que leído de él hasta ahora no me había entusiasmado, como demuestra que no recuerde nada de El palacio de la Luna, leído hace unos diez años, y muy poco del Mr. Vértigo, de lectura algo más reciente.

El Marruecos asfixiante visto por Rafael Chirbes en «Mimoun»

De Rafael Chirbes ya había leído Crematorio y En la orilla, que comenté aquí. Me gustaron tanto ambas novelas que me propuse seguir leyendo más obras suyas, empezando por la primera que escribió, Mimoun. No lo hice inmediatamente después de terminar las leídas ya que, como siempre hago, quería dejar reposar mi entusiasmo. Mientras tanto, escuché algunas de las entrevistas que el autor hizo en televisión. Y, en ese tiempo de espera, falleció Rafael Chirbes, desapareció uno de los escritores contemporáneos que más me habían impactado. Corría el mes de agosto de 2015. Se convirtió en necesidad leer su primera novela, Mimoun, necesidad que no pude satisfacer hasta 2018.

¿Está sobrevalorado Shakespeare en su «Hamlet»?

William Shakespeare. Uno oye hablar de este escritor y, aunque no haya leído ni una línea suya, ya tiene formada una opinión. ¿Prejuicios? Por supuesto, pero quién no los tiene, nos guste o no.

De qué hablamos cuando hablamos de Raymond Carver en «De qué hablamos cuando hablamos de amor», su recopilación de cuentos

Cuando leemos la obra de un escritor, ¿de verdad leemos lo que escribió? Puede que creamos que sí, pero la realidad tal vez sea muy diferente; por ejemplo, con Raymond Carver. Este autor, es considerado uno de los máximos representantes del «realismo sucio» norteamericano; sin embargo, se lo conoce más por lo que publicó su editor, Gordon Lish, que por lo que escribió.

La vida de hoy en «El ruido del arcoíris», novela de Pedro Carrasco Garijo

Aún me considero inmerso en el período de formación como escritor (quizás nunca salga de él), ya que se dice que solo cuando se han dedicado más de 10.000 horas a alguna actividad, uno puede decir que la domina. Según mis cálculos —caseros—, me faltarían aún unas 3.000. De ahí que entre mis lecturas abunden los clásicos y los escritores consagrados. Sin embargo, de cuando en cuando, para cambiar de aires, me apetece leer algo muy actual y de autores por consagrar, como es el caso de Pedro Carrasco Garijo.


Eloy Tizón nos enseña «Técnicas de iluminación», su libro de relatos

Lo que son las expectativas. Empecé a leer esta recopilación de relatos de Eloy Tizón con la seguridad de que no la disfrutaría. ¿Cómo me podría gustar un texto en el que el narrador, nada más empezar el primer cuento, Fotosíntesis, dice «mastica oxígeno y piñones» y «se peina con el canto de las manos»? Sin embargo, continué leyendo. Avancé, con creciente curiosidad, hasta que en el séptimo cuento, Alrededor de la boda, descubrí una historia magistralmente contada. Desde entonces, cada nuevo relato encontraba su hueco en mi sensibilidad.

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