El Existencialismo de Sartre a través de su novela «La náusea»

Por lo que creía saber de Sartre como filósofo esperaba que esta fuera una novela de lectura difícil. No lo ha sido en absoluto. El argumento de la historia es claro, la prosa es sorprendentemente accesible sin que renuncie a mostrar las emociones más íntimas del protagonista, Antoine Roquentin, un alterego, parece, del autor.

Sin embargo, no me ha servido para iniciarme en la corriente filosófica del Existencialismo, que era, la verdad, una de las finalidades que perseguía al leer esta obra. Esperaba que, tras mis tímidas incursiones en la historia de la filosofía, la lectura del trabajo más célebre de un pensador del siglo XX me revelaría la quintaesencia de todo lo reflexionado por los filósofos en los últimos dos mil años. No ha sido así por varios motivos. El primero, porque La náusea es una novela y no un tratado de filosofía; y, segundo y principal, porque de lo leído hasta ahora he deducido que cada pensador elabora su propia teoría vital, incluyendo metafísica y ética, partiendo de su configuración neuronal y terminando con su experiencia personal.

Aun así no me resisto a presentar la siguiente reflexión que he extraído de esta novela: la consciencia de la existencia de todo objeto, incluidos nosotros, se asemeja a la extendida recomendación de los textos de autoayuda en cuanto a que para liberar tensiones es recomendable centrarse en el ahora, en lo que existe, y olvidarse del pasado y, más aún, del futuro. Seguramente será una comparación inexacta porque lo que siente el protagonista de esta novela al ser completamente consciente del significado de su propia existencia y la de los demás es una náusea física casi insoportable y no una sensación de comunión con el universo que alivie todos sus males.

En cualquier caso, despunta la calidad de la prosa: no en balde concedieron el Nobel de Literatura a Sartre... aunque él lo rechazó por motivos filosóficos. Me hubiera gustado anotar más fragmentos, pero temí transcribir todo el libro. Aquí quedan unos pocos escogidos:

  • Cuando era chico, mi tía Bigeois me decía: «Si te miras largo rato en el espejo, verás un mono». Debí de mirarme más todavía: lo que veo está muy por debajo del mono, en los lindes del mundo vegetal, al nivel de los pólipos.
  • El tipo de los bigotes posee una nariz de agujeros inmensos, que podrían bombear aire para toda una familia, y que le comen la mitad de la cara, pero sin embargo, respira por la boca jadeando un poco.
  • Tengo frío, me duelen las orejas; han de estar rojas. Pero yo no me siento; me ha ganado la pureza de lo que me rodea; nada vive; el viento silba, líneas rígidas huyen en la noche.
  • Sí, es ella, Lucie. Pero transfigurada, fuera de sí, sufriendo con loca generosidad. La envidio.
  • Así es el tiempo, el tiempo desnudo; viene lentamente a la existencia, se hace esperar y cuando llega uno siente asco porque cae en la cuenta de que hacía mucho que estaba allí.
  • No necesito hacer frases. Escribo para poner en claro ciertas circunstancias. Desconfiar de la literatura. Hay que escribirlo todo al correr de la pluma, sin buscar las palabras.
  • En suma, se habla mucho del famoso transcurso del tiempo, pero nadie lo ve. Vemos una mujer, pensamos que será vieja, pero no la vemos envejecer.
  • Sonreía. Primero perdí el recuerdo de sus ojos, luego el de su largo cuerpo. Retuve lo más que pude su sonrisa, y hace tres años también la perdí.
  • Supongo que es por pereza que el mundo se asemeja de un día a otro.
  • Sus ojos deslumbrantes le devoraban toda la cara.
  • Ahora sabía: las cosas son en su totalidad lo que parecen, y detrás de ellas... no hay nada.

Me ha agotado mi segundo acercamiento a Byung-Chul Han,«La sociedad de la transparencia»

Me ha venido grande. Cuando leí el ensayo La sociedad del cansancio, también de Han, quise continuar profundizando en el pensamiento de este filósofo contemporáneo. Me equivoqué. La sociedad de la transparencia me ha resultado demasiado inextricable; como en estos ejemplos:

Otro más que quiere descifrar «Alicia en el País de las Maravillas», de Lewis Carroll

Libro infantil para unos y, para otros, obra maestra del género nonsense (sin sentido), género solo apto para adultos. Leer Alicia en el País de las Maravillas siempre ha supuesto un reto para mí precisamente por aquella dualidad, agravada por conocer la totalidad de la historia tras haber visto varias veces la película homónima de Disney.

Sigo desorientado tras releer «La tercera mentira», de Agota Kristoff

En pocas novelas como en esta me ha costado tanto empezar a escribir sobre ellas. Normalmente hay algún aspecto que resalta sobre los demás y que me sirve de chispa para iniciar el comentario. Con La tercera mentira no solo no he encontrado ese punto de arranque sino que me mantiene desconcertado. ¿Fue esta la intención de la autora, ofuscar al lector, romperle sus esquemas? Nunca lo sabremos.

Destrozado pero feliz tras empaparme con «La lluvia amarilla», novela de Julio Llamazares


Escuché decir a Julio Llamazares, autor de esta novela, que la auténtica literatura no se conforma con entretener sino que, sobre todo, busca provocar emociones. Hace tiempo habría coincidido con él; sin embargo, reconozco que he ido cambiando (no me atrevo a decir «evolucionando»), y ahora ya no estoy tan seguro. El no aburrimiento o «entretención», como la denomina el escritor Alejandro Zambra en su ensayo Tema libre, se da si existe emoción. Uno se entretiene jugando al parchís porque se emociona al jugar, por poco que sea. Lo que, traducido a la literatura, vendría a decir que todos los lectores buscan emocionarse, unos mediante la «entretención», otros mediante el descubrimiento de nuevas y afortunadas metáforas, otros con una intriga galopante, otros...

Continúo con Agota Kristof gracias a su novela «La prueba»

Segundo libro de la trilogía Claus y Lucas. En el primero, El gran cuaderno, que ya comenté en este blog, aquí, dos hermanos escriben sus memorias, hasta que se separan. En esta ocasión Lucas, uno de los niños, ya es un joven adulto que vive en una ciudad gris de posguerra en la que, sin embargo, surgen personajes que interaccionan con él, a veces a su pesar.

El incendiario «Fahrenheit 451» de Ray Bradbury


Mientras leía este libro me olvidé de mis prejuicios contra la ciencia ficción, y me alegré de haberlo hecho. Gracias a ello he podido disfrutarlo o, lo que es lo mismo, sentir las angustias y las esperanzas del protagonista, Montag, a pesar de situarse en un mundo distópico, tan lejano de mis lecturas habituales.

Un interesante pero difícil ensayo de Emilio Lledó: «El silencio de la escritura»

Con este libro me equivoqué. Me lo recomendó un amigo, creo que porque me supone mejor escritor de lo que en realidad soy. Me ha costado horrores entenderlo y, no lo he conseguido siempre, pero de vez en cuando, más bien de tarde en tarde, aparecía una «perla» que me convencía para no abandonar.

Por fin mi novela, «Viento», ya está disponible en Amazon



«¿Cuándo es demasiado tarde para cambiar en la vida? Esta pregunta y otras parecidas tuvo que hacerse Jon, el protagonista de esta novela. La forma en la que respondió no le resultó la más cómoda, pero es que preguntas cómo aquella requieren de un valor no muy extendido entre nosotros. Para ello, Jon tuvo que ir hasta Nueva York para renacer, pero ¿fue suficiente con eso? Tendrías que leer su historia para saberlo.»

La profunda sencillez de «Intemperie», una novela de Jesús Carrasco


De tanto husmear en las palabras se me había olvidado el placer que se siente al leer algo bien escrito, hasta el punto de que necesito decir que este libro me ha encantando (¡qué poco me gusta esta palabra!). Todo ello a pesar de que cuenta con poco más de tres personajes que se mueven dentro de un argumento aparentemente trivial, aunque con un fuerte trasfondo emotivo. Hasta se le perdona que, a veces, recurra a comparaciones y metáforas que me resultan excesivas o traídas por los pelos.

Massimo Pigliucci nos enseña en su libro «Cómo ser un estoico»

Por tortuosos caminos he terminado por dedicar algún tiempo a la lectura de textos de Filosofía y, en especial, de Filosofía Estoica. Un viaje sin pretensiones eruditas ni de una formación integral en la historia de dicha materia. Simplemente fue una curiosidad surgida a partir de algo oído en un medio y que germinó como semilla en terreno abonado.

El diario de unos niños durante la guerra, en «El gran cuaderno», novela de Agota Kristof

Dos niños, o uno desdoblado, escriben en un cuaderno sus vivencias durante un período de guerra. Sin padres que los eduquen, ellos mismos aprenden y elaboran su propia ética.

Las ocho caras de Julio Cortázar en «Octaedro», su libro de cuentos

Octaedro. s.m. 1 Poliedro de ocho caras o planos. 2 Libro de Julio Cortázar publicado en 1974 y que incluye ocho cuentos largos sin un tema común.

Las interminables peripecias de Rufo en «El rey recibe», una novela de Eduardo Mendoza

Por mucho que aprecie a los clásicos y a otros autores consagrados, por no decir confiables, ya estaba necesitando leer la obra de algún escritor vivo. Y lo he hecho con Eduardo Mendoza y su novela «El rey recibe». Después de leerla, me he enterado de que se trata del primer título de la futura trilogía «Las tres leyes del movimiento»; quizá por ello el final me ha defraudado y de ahí que, a pesar de que Eduardo Mendoza sea un autor que sigo, no creo que continúe con «El negociado del yin y el yang», el siguiente título de la serie.

Mi delito: no terminar «El proceso», una novela de Franz Kafka

Empiezo a preocuparme: otro libro que abandono, y este es de Franz Kafka. Siento que estoy cometiendo un delito, aunque, a diferencia del protagonista de este relato, yo sí sé cuál sería: incapacidad para apreciar la calidad de una obra maestra de uno de los autores más influyentes de la literatura universal. Menos mal que después de perpetrar el delito me ha consolado saber que se trata de una novela que Kafka dejó inconclusa.

¿Te atreves a pensar críticamente, como recomienda José Carlos Ruiz en «El arte de pensar»?

Durante mi pasado y errático periplo filosofal me topé con este libro. En aquel tiempo quise profundizar en la historia de la Filosofía, en especial en la de los estoicos; en uno de los descansos, en los que suelo cambiar de actividad, vi en Youtube  una conferencia de José Carlos Ruiz ( https://youtu.be/u2G5hSsC1UI ) titulada Filosofía para cuestionar el mundo que nos rodea, conferencia que seguí con creciente interés según transcurrían los minutos. Como me suele pasar, terminar el vídeo, buscar la biografía del conferenciante en wikipedia y comprar su último libro, este que comento, fue cosa de unos cuantos clics en el ordenador.

Preguntas y más preguntas acerca de «La perla», novela de John Steinbeck

Cuando se termina de leer un libro, uno suele saber si le ha gustado o no. Sin embargo, en ocasiones no sabemos por qué, sobre todo si es un buen libro. ¿Ha sido por la historia?, ¿fue la forma de contarla?, ¿no fue por tal o cual personaje que nos encantó o nos disgustó?, ¿o fue responsabilidad del estilo narrativo, abarrotado de eficaces metáforas geniales o, por lo contrario, por su sencillez, que rozaba la crudeza?, ¿acaso ese final nos ha dejado traspuestos?, ¿quizás fueron los temas subyacentes?, ¿tal vez la originalidad de la trama?

El regreso de «El amante», novela de Marguerite Duras, por Soledad Blanco

Marguerite Duras reaparece en este blog (aquí antes), en esta ocasión de la pluma de Soledad Blanco, demostración de la riqueza y capacidad evocadora de esta novela.

Conviene que nos dirijamos hacia «La sociedad del cansancio» que propone Byung-Chul Han

Sentirse aludido es el mejor acicate para continuar leyendo y esto es lo que me ha pasado con este librito de 80 páginas. Salvo por mi nombre, me reconocía por todo lo demás, en especial por mi necesidad de sentirme activo en todo momento, algo que Han relaciona con la sociedad del rendimiento en la que nos encontramos los occidentales. En esta sociedad, cada persona es, a la vez, empleado y jefe; amparado en su conciencia de libertad, esta persona decide aprovechar su tiempo al máximo de forma que no haya tiempo para el ocio ni, menos, para el aburrimiento. Y este 'no parar' deviene en incapacidad para observar su propia vida con la calma necesaria para darse cuenta del rumbo que lleva. De ahí la proliferación de enfermos neuronales que sienten vacío existencial a la menor crisis.

El campo español de la posguerra civil a través del «Viaje a la Alcarria», de Camilo José Cela

«El viajero está echado, boca arriba, sobre una chaise-longue forrada de cretona.». Así empieza este libro. No parece que un narrador armado con una cámara de vídeo nos cuenta en tiempo real lo que hace el protagonista, todo lo que ve y le sucede. Antes de empezar sabemos que el protagonista es el mismo autor, por lo que resulta algo extraña esa otra voz que no es ni la del autor ni la del personaje. Al poco, uno se acostumbra y llega a creerse que está "leyendo" una película.

Las contradicciones humanas que presenta Milan Kundera en «La insoportable levedad del ser»

Comienzo por el narrador. Hasta ahora, cuando en una novela el narrador cuenta la historia en primera persona había sobreentendido que se trataba de algún personaje, principal o secundario, con algún interés en la trama. Por eso no podría ser alguien omnisciente. En «La insoportable levedad del ser» Milan Kundera rompe los moldes y utiliza un narrador en primera persona que es, además, omnisciente. Alguien así, solo podría ser el autor, cosa que se confirma ya avanzada la novela al hablar de su proceso de escritura y de los personajes en sí. Pero este desconcierto se acrecienta porque, al menos para mí, la historia carece de un gancho que mantenga el interés del lector por continuar con la lectura ya que, aparentemente, no hay una pregunta dramática que sostenga la intriga.

Saramago se acerca a este blog con su novela «Caín»

Saramago se acerca por primera vez a este blog de la mano de Soledad Blanco. Dejemos que hable a través de ella:

«Historia de la Filosofía sin temor ni temblor», un libro de Fernando Savater

Echaba en falta un paseo por la historia de la Filosofía; este ha sido ligero, pero tan sustancioso, que he terminado con deseos de profundizar más. Muchos filósofos con tanto que decir que, inevitablemente, me he quedado con la sensación, algo culpable, de que soy injusto con ellos, por no acordarme con precisión de cuál era el pensamiento de cada uno.

La visión de Alberto Méndez en «Los girasoles ciegos»

Después de más de cuatro años escribiendo artículos en este blog he terminado por darme cuenta de que, quizás, no sea lo mejor para el lector que comente todos y cada uno de los libros que leo. Tal vez convenga reducir la frecuencia de publicación y hacerlo solo para aquellos libros cuya lectura me haya motivado especialmente. Parece de sentido común que el ritmo de lectura no tiene por qué coincidir con el de publicación en este blog. De hecho, forzar este último a aquel seguro que redunda en una menor calidad de mis comentarios. Espero no equivocarme.

La preciosista novela de Yasunari Kawabata «La casa de las bellas durmientes»

Cuando Yasunari Kawabata publicó «La casa de las bellas durmientes» acababa de dejar atrás sus primeros sesenta años de vida y le quedaban por cumplir once más. Probablemente, en aquella época vislumbraba la decadencia que, vista en positivo, debería liberarnos de las premuras carnales para dejarnos en manos de la melancolía; melancolía que no deja de ser una forma de felicidad, quizás su única forma, la del recuerdo del pasado, nunca la observación del presente ni, menos, la del futuro.

Nuevas noticias de Eduardo Mendoza en su libro «Sin noticias de Gurb»

«Tras zamparme veinticinco churros mojados en un cubo de chocolate, me dispongo a escribir estas lineas acerca de esta novela, por llamar de alguna manera a este libro o lo que sea». De este tenor debería ser un comentario medianamente coherente con esta obra.

Redescubriendo a Francisco Umbral en «Mortal y rosa»

Empecé a leer esta obra creyendo que era una novela y resultó ser un libro de memorias. Aunque, bien mirado, ¿qué novela no es autobiográfica? Recuerdo haber escuchado al autor, Francisco Umbral, que todos sus libros eran autobiográficos, ya fueran novelas, relatos, poemas o, incluso, artículos periodísticos. Desde luego, esta forma de entender la creación literaria no es original de Umbral; hace poco la compartía Javier Cercas (La verdad de las máscaras), quien decía que «Toda novela es una autobiografía enmascarada».

El valor de las repeticiones en «Cinco horas con Mario», novela de Miguel Delibes

Como me ha sucedido en ocasiones, comencé a leer este libro con la sensación de ser uno de los pocos españoles que aún no lo había leído. Pues bien, ya he dejado de pertenecer a dicho iletrado grupo.

Abrasándome con «Todos los fuegos el fuego», de Julio Cortázar

Ocho cuentos de mi venerado Cortázar. Esta recopilación, publicada por primera vez en 1966, se une a las que ya he leído (La otra orilla, Final del juego y Alguien que anda por ahí). Como me sucedió en estos otros casos, he encontrado cuentos —tres, en este libro— que me han parecido inmejorables, alguno muy bueno y los demás —cuatro, en este caso— estupendamente bien escritos, pero con los que no he conectado.

El romanticismo de «Las penas del joven Werther», la novela corta de Johann W. Goethe

Nombrar a Goethe es como nombrar a Cervantes o Shakespeare; alguien que roza la divinidad literaria (sección romántica, en este caso). 

«Aura», el libro que te habla, de Carlos Fuentes

Nada más empezar, te impresiona que el libro se dirija a ti. Es muy poco frecuente en una novela (algo más en los cuentos) un narrador en segunda persona que parece que te hablara, precisamente a ti:
«Lees este anuncio: una oferta de esa naturaleza no se hace todos los días. Lees y relees el aviso. Parece dirigido a ti, a nadie más. Distraído, dejas que la ceniza del cigarro caiga dentro de la taza de té que has estado bebiendo en este cafetín sucio y barato. Tú releerás.»

«Trabajo, consumismo y nuevos pobres», un clarividente ensayo de Zygmunt Bauman

La ética del trabajo y la sociedad de consumo, la evolución de una a otra y las consecuencias sobre los pobres. Este puede ser el resumen de este ensayo de Zygmunt Bauman, alguien que definiré como pensador, a falta de una etiqueta más concreta.

Yo venía a hablar del libro de Umbral: «Las ninfas»

Confieso que inicié la lectura de este libro con prejuicios, lo que no es ninguna novedad: Francisco Umbral, como persona, me ha parecido siempre alguien demasiado pagado de sí mismo. Ya sé que no debería dejarme influir por circunstancias no literarias, pero ¡es tan difícil no hacerlo!

El desengaño de «Comer atentos», un libro de Jan Chozen Bays

Esta vez sí voy a hacer un artículo muy corto ya que el libro no merece más.

A vueltas con mis prejuicios en «Amor de perdición», una novela de Camilo Castelo Branco

Otra vez mis prejuicios me han estorbado; esta vez, mientras leía «Amor de perdición», reconocida como la novela más perfecta de Camilo Castelo Branco, uno de los máximos representantes del Romanticismo portugués; representante él mismo del auténtico romántico del siglo XIX, ya que su propia vida no habría desmerecido como argumento novelístico.

Buscando mi poesía en «Descrédito del héroe/Manual de infractores», un poemario de José Manuel Caballero Bonald

Los lectores habituales de este blog saben de mi gran asignatura literaria pendiente: la poesía. También, quizás, de mi empeño por superarla. De ahí que haya leído Descrédito del héroe/Manual de infractores, un libro con dos poemarios seleccionados por su propio autor, José Manuel Caballero Bonald. Aunque están recogidos en un mismo volumen, en realidad los compuso en dos momentos muy diferentes de su vida: Descrédito del héroe, con 51 años (1977) y Manual de infractores, con 79 (2005).

Yo confieso que he abandonado «Yo confieso», una novela de Jaume Cabré

Decir que he abandonado la lectura de un libro después de leer casi 300 páginas puede resultar chocante; no tanto si el libro supera ampliamente las 800 páginas, como «Yo confieso», una novela de Jaume Cabré. Aun así, estoy intranquilo por si esta segunda deserción lectora en los últimos meses pudiera ser un síntoma prematuro de cansancio lector. No habrá quien me consuele diciendo que tengo todo el derecho a abandonar una lectura que no me satisfaga y que hacerlo es una muestra de autovaloración de mi tiempo (sobre todo cuando sabemos que este tiempo no es infinito, como creemos en nuestra inocente juventud).

«Final del juego», recopilación de cuentos de Julio Cortázar, que no será la última que lea

Continúo con las recopilaciones de cuentos de Julio Cortázar (ya comenté en este blog La otra orilla y Alguien que anda por ahí). Aunque tarde, pretendo leer toda la extensa obra corta de este autor. ¿Acaso necesito justificarme por hacerlo? Desde luego que no. Solo diré que, a los obvios motivos imaginables, se añade mi homenaje póstumo a Elena Sánchez Carretero, la persona que me descubrió a Julio Cortázar, a través de su relato «El perseguidor».

La poesía y yo

Estos días ando peleándome con la poesía. Un género que no llego a comprender bien y que me impide apreciar todo su valor; valor que, para unos, los más entendidos del mundo literario, es el máximo que puede aportar la experiencia literaria. Ya anticipé algo de esta dificultad en este mismo blog, aquí.

La esperpéntica lectura de «Las galas del difunto», obra de teatro de Valle-Inclán

«Las galas del difunto» es una de las obras teatrales, nombradas como esperpentos por el propio autor, Valle-Inclán, incluida en la trilogía «Martes de Carnaval». Esperpentos, en mi opinión, no tanto porque se presente la realidad de una forma grotesca como amplificada: los malhablados hablan peor, los 'agarrados' son tacaños, los comilones se convierten en glotones, ... ¿Para qué? para hacer más visible al espectador los temas que le interesan al autor; en este caso, el absurdo de las guerras o el despotismo de los poderosos.

Las matemáticas y Julio Cortázar




Puede que alguno quiera matarme cuando sepa que he aplicado matemáticas a Julio Cortázar. ¿Medir lo inconmensurable? Imposible, dirá otro más comedido. Bobadas, dirá alguien más soso. Pero nos guste o no, todo es susceptible de ser cuantificado; y lo que no lo es, no lo es porque todavía no se ha descubierto cómo hacerlo, pero lo será.

No nos dejemos engañar cuando la perversa niña nos enreda en sus «Memorias de Leticia Valle», una novela de Rosa Chacel

Agradecido, cedo este espacio para que Soledad nos emocione nuevamente con esta original y personal reseña.


Tus negros bucles han contribuido, sí. No obstante, no solo han sido los tirabuzones, también has empleado tu habilidad para tejer situaciones. Verdaderamente eres muy talentosa. Tienes doce años, eres una chiquita bien lista.

Unas minucias acerca de la prodigiosa estructura de «La ciudad y los perros», la novela de Mario Vargas Llosa

A cuento de esta novela, Vargas Llosa solía comentar una anécdota en la que un crítico francés, tras manifestar que le había gustado mucho La ciudad y los perros, le espetaba «Usted se equivoca. Usted no entiende su novela».

El mago Aldecoa en «El corazón y otros frutos amargos»

Cuando casi aún no me afeitaba cayó en mis manos esta recopilación de cuentos y escribí:

«Este librito me lo leí, sobre todo, en el viaje en autobús de una hora desde el trabajo a casa. Cuando me bajé de él, pensé que las nubes habían sido el medio de trasporte utilizado: me sentía flotar. Y nadie en el autobús se había enterado. Qué más puedo pedir teniendo, como tengo, la suerte de sumergirme y emocionarme con libros como éste.»

Intrigado con «Tres días y una vida», la novela de Pierre Lemaitre

Hace algún tiempo leí Nos vemos allá arriba (aquí mi reseña en el blog). Quedé deslumbrado y me emplacé a seguir leyendo a Lemaitre. Aguanté hasta que he acumulado suficientes recomendaciones, que llegaron sin falta. Y hace unos minutos terminé de leer Tres días y una vida. Creo que nunca me había puesto a comentar un libro con tanta celeridad; hasta ahora dejaba un tiempo, días o semanas, y así esperar que reposara, que emergiera la sustancia de lo leído, aquello que creemos que permanecerá en la memoria. Por eso, estos comentarios deberían ser triviales y nada sesudos, muy alejados de una reseña convencional. ¿Lo conseguiré?

Cómo elijo mi siguiente lectura

Foto de Ugur Akdemir en Unsplash
Mis familiares y amigos se sorprenden de que parezca que haya abandonado los números para ir tras las letras, mientras que algunos de mis actuales colegas escritores no entienden mi ascendiente 'matemático'. Es natural. Todos somos ambivalentes en algún sentido; yo al menos lo soy en mi pasión por la escritura y mi admiración por la ciencia.

El sentido de una vida o «En busca del unicornio», novela de Juan Eslava Galán

Digámoslo así: los libros nos leen a nosotros, no nosotros a ellos. Por eso, suelen ser más lo libros que nos gustan que los que nos disgustan. De hecho, hasta los libros que terminamos sin demasiado entusiasmo, si esperamos un tiempo, nos descubriremos recordando tal o cual aspecto del relato que, incomprensiblemente, resuena en nuestro interior. Esa 'veta' desconocida, a su vez, puede que engarce con el tema de aquel libro o con la estructura de ese otro. Al final, puedes encontrarte redescubriendo la valía del libro que leíste hace algún tiempo. Esto me ha pasado con «En busca del unicornio», una novela de 'efectos retardados'.

Reseña de «Carta de una desconocida», una novela de Stefan Zweig, por Soledad Blanco

Más que una reseña de esta novela, Soledad nos descubre sus reflexiones, tan apasionadas e íntimas, que termina conversando con los protagonistas. Que la disfrutéis:

El Cortázar más joven en «La otra orilla»

En este maratón literario que estoy disfrutando gracias a la obra de Julio Cortázar, era obligado ir al inicio, a la que fue su primera (y despreciada por él mismo) recopilación de cuentos: La otra orilla. De hecho, este volumen fue publicado póstumamente.

«Sé amable contigo mismo», o como dejarte ayudar, por Kristin Neff

«La vida consiste en trabajar todo el día y culparse por esos momentos en los que no se está trabajando». Por esta única frase decidí leer Clavícula, la novela probablemente autobiográfica de Marta Sanz: ¿Acaso me conocía la autora?, pensé. Necesité leer el libro para comprobarlo. La verdad es que en el capítulo en el que aparece dicho fragmento casi no se desarrolla la idea; me habría gustado comprobar si había alguna «cura» contra una vida tan esclavizante como se sugiere; pero la semilla no germinó.

A propósito de Julio Cortázar, «Alguien que anda por ahí»

Voy a terminar por no leer más a Cortázar ya que, aunque sin entenderlo siempre, no dejo de llenar libretas con los fragmentos que anoto. Y eso que no he leído ni la cuarta parte de los noventa cuentos que escribió, si no he contado mal.

Cuando Hemingway la visitó, ¿seguro que «París era una fiesta»?

¿Por qué gustan las biografías y, sobre todo, las autobiografías?; ¿será que disfrutamos comparando nuestra vida con la de otro? Porque, no nos engañemos, nadie sabe de qué va esto: nos soltaron sin un mísero manual de instrucciones; hablo de la vida, claro, pero podría decirlo también de este oficio de escritor. Nadie sabe nada; aún así todos sentimos la necesidad de dirigirnos a los recién llegados, cuando bien sabemos que, si somos honestos, solo deberíamos decirles que no sabemos ni hemos aprendido nada. Y seguro que, Hemingway, al final, era consciente de lo anterior; pero volvamos a su libro.

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