Adentrándome en «El túnel», una novela de Ernesto Sabato


En ocasiones uno lee porque no sabe hacer nada mejor. Unas veces se disfruta, otras no tanto; frecuentemente se está deseando llegar al final; en pocas se desearía demorarlo para siempre. Que pase una cosa u otra depende del libro, claro, pero también del estado de ánimo con que uno se encuentre, de las expectativas, del hueco que el libro pretendía llenar.

He leído «El túnel» como sonámbulo, sin saber muy bien por qué ni para qué. Bueno, «por qué», sí: porque lo tenía muy recomendado; pero «para qué», no. En las primeras líneas se sabe que el protagonista mató a una mujer porque él mismo se dirige al lector y lo confiesa. También nos dice que pretende hacernos entender por qué lo hizo. Sin embargo, la historia avanza y no descubrimos nada nuevo más que lo que suponemos al principio, cuando nos confiesa su crimen: que es alguien enajenado.

La historia no es deslumbrante, al menos para mí, pero sí lo es la introspección en la mente del protagonista; tanta y tan bien hecha que no la entiendo posible sin suponer que el propio autor, Ernesto Sabato, la conociera a fondo. Eso o que la magistral muestra del bullicio mental del protagonista sea obra de un genio capaz de transmutar su personalidad.

Una narración de puro terror psicológico, de prosa fácil de leer, pero elegante, que no ha cubierto mis expectativas.

Dejo aquí algunos fragmentos que he anotado, alguno verdaderamente revelador (en negrita), al menos para mí:
  • [...] la memoria es para mí como la temerosa luz que alumbra un sórdido museo de la vergüenza.
  • Me elogió los cuadros de tal manera que comprendí que los detestaba.
  • Y el andar rápidamente mientras mi espíritu vacilaba tanto me producía una sensación singular, mi pensamiento era como un gusano ciego y torpe dentro de un automóvil a gran velocidad.
  • Pero ahora no tenía tiempo de entregarme a ese sentimiento: ya me torturaría más tarde, con tranquilidad.
  • Encendí un cigarrillo y no había terminado de encenderlo cuando advertí que mi tranquilidad era bastante absurda: era cierto que no había pasado nada desagradable, pero también era cierto que no había pasado nada en absoluto.
  • En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos, sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para volver a empezar la comedia inútil.
  • Es curioso, pero vivir consiste en construir futuros recuerdos; ahora mismo, aquí frente al mar, sé que estoy preparando recuerdos minuciosos, que alguna vez me traerán la melancolía y la desesperanza.
  • Mis dudas y mis interrogatorios fueron envolviéndolo todo, como una liana que fuera enredando y ahogando los árboles de un parque en una monstruosa trama.
  • Generalmente, esa sensación de estar solo en el mundo aparece mezclada a un orgulloso sentimiento de superioridad: desprecio a los hombres, los veo sucios, feos, incapaces, ávidos, groseros, mezquinos; mi soledad no me asusta, es casi olímpica.
  • Fui cayendo en una especie de encantamiento. La caída del sol iba 
  • Después salí nuevamente a la terraza y descendí con un gran ímpetu, como si el demonio ya estuviera para siempre en mi espíritu.
  • Sentí que una caverna negra se iba agrandando dentro de mi cuerpo.

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