A propósito de Julio Cortázar, «Alguien que anda por ahí»

Voy a terminar por no leer más a Cortázar ya que, aunque sin entenderlo siempre, no dejo de llenar libretas con los fragmentos que anoto. Y eso que no he leído ni la cuarta parte de los 89 cuentos que escribió, si no he contado mal.

Cuando Hemingway la visitó, ¿seguro que «París era una fiesta»?

¿Por qué gustan las biografías y, sobre todo, las autobiografías?; ¿será que disfrutamos comparando nuestra vida con la de otro? Porque, no nos engañemos, nadie sabe de qué va esto: nos soltaron sin un mísero manual de instrucciones; hablo de la vida, claro, pero podría decirlo también de este oficio de escritor. Nadie sabe nada; aún así todos sentimos la necesidad de dirigirnos a los recién llegados, cuando bien sabemos que, si somos honestos, solo deberíamos decirles que no sabemos ni hemos aprendido nada. Y seguro que, Hemingway, al final, era consciente de lo anterior; pero volvamos a su libro.

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