El Cortázar más joven en «La otra orilla»

En este maratón literario que estoy disfrutando gracias a la obra de Julio Cortázar, era obligado ir al inicio, a la que fue su primera (y despreciada por él mismo) recopilación de cuentos: La otra orilla. De hecho, este volumen fue publicado póstumamente.

«Sé amable contigo mismo», o como dejarte ayudar, por Kristin Neff

«La vida consiste en trabajar todo el día y culparse por esos momentos en los que no se está trabajando». Por esta única frase decidí leer Clavícula, la novela probablemente autobiográfica de Marta Sanz: ¿Acaso me conocía la autora?, pensé. Necesité leer el libro para comprobarlo. La verdad es que en el capítulo en el que aparece dicho fragmento casi no se desarrolla la idea; me habría gustado comprobar si había alguna «cura» contra una vida tan esclavizante como se sugiere; pero la semilla no germinó.

A propósito de Julio Cortázar, «Alguien que anda por ahí»

Voy a terminar por no leer más a Cortázar ya que, aunque sin entenderlo siempre, no dejo de llenar libretas con los fragmentos que anoto. Y eso que no he leído ni la cuarta parte de los 89 cuentos que escribió, si no he contado mal.

Cuando Hemingway la visitó, ¿seguro que «París era una fiesta»?

¿Por qué gustan las biografías y, sobre todo, las autobiografías?; ¿será que disfrutamos comparando nuestra vida con la de otro? Porque, no nos engañemos, nadie sabe de qué va esto: nos soltaron sin un mísero manual de instrucciones; hablo de la vida, claro, pero podría decirlo también de este oficio de escritor. Nadie sabe nada; aún así todos sentimos la necesidad de dirigirnos a los recién llegados, cuando bien sabemos que, si somos honestos, solo deberíamos decirles que no sabemos ni hemos aprendido nada. Y seguro que, Hemingway, al final, era consciente de lo anterior; pero volvamos a su libro.

Cuando no convienen las certezas, como en "El punto ciego", el libro de Javier Cercas

En casi todas mis lecturas tengo en cuenta las recomendaciones de personas cuyo criterio aprecio. Este libro no ha sido la excepción: me lo habían aconsejado tanto escritores como lectores que, presuntamente, no escribían. Esta situación no es frecuente ya que los lectores no escritores suelen gustar de lo lúdico de las obras, mientras que las recomendaciones de los escritores suelen estar orientadas hacia objetivos más utilitarios (cómo mejorar la técnica narrativa, por ejemplo). Pues bien, en este caso, Javier Cercas ha provocado una nueva rara unanimidad lector/escritor ya que las recomendaciones con las que cuento proceden de ambos perfiles.

El autor reúne en esta obra cinco conferencias que pronunció en Oxford allá por 2014. Todas ellas giran en torno a la conveniencia de dejar en la obra narrativa algún aspecto sin cerrar que incite al lector a implicarse en la historia. Javier Cercas utiliza el símil fisiológico del punto ciego: la zona interna del ojo sin células sensibles a la luz. Para convencernos, el autor no duda en remontarse a El Quijote, como ejemplo de obra en la que el lector parece estar ciego ya que no sabe con certeza si Don Quijote está cuerdo o no.

Además de este clásico, el autor desmenuza La ciudad y los perros, de Vargas Llosa, y Anatomía de un instante, del propio Cercas, y nos lleva de la mano para hacernos ver cuál es la duda básica implícita en cada obra, su "punto ciego"; duda que no se despeja en los textos y que el lector tiene que dilucidar según su propio criterio.

Finaliza la obra un epílogo que elogia a la novela como género capaz de combatir el monismo que ha colonizado la sociedad actual. Necesitamos novelistas, viene a decir, que muestren la extrema complejidad de la vida (y políticos que la simplifiquen, por otra parte); mensaje que repite Javier Cercas en este reciente artículo del diario El País: El creador de caos.

Y termino con unos pocos fragmentos que no me he resistido a anotar:

- En la literatura, quien engaña es más honesto que quien no engaña, y quien se deja engañar más sabio que quien no se deja engañar.
- La respuesta es que la novela no es un entretenimiento (o no sólo es eso); es, sobre todo, una herramienta de investigación existencial, un utensilio de conocimiento de lo humano.
- Ahora bien, sabemos que la novela es forma y que, en ella, una mala historia bien contada es una buena historia, mientras que una buena historia mal contada es una mala historia; por lo mismo, usando viejas formas la novela está condenada a decir cosas viejas, y sólo usando formas nuevas podrá decir nuevas cosas.
- [...] uno sólo sabe lo que quiere escribir cuando ya lo ha escrito.
- La misión del arte consiste en desautomatizar la realidad, en convertir en extraño y singular lo que, a fuerza de tanto verlo, ha acabado pareciéndonos normal y corriente.

A veces no me encuentro, como en «Clavícula», el libro de Marta Sanz

Hurgué en mi memoria para buscar significados, temas subyacentes, metáforas que trascendieran la literalidad del texto. ¿Qué era ese dolor clavicular que obsesionaba a la autora?, ¿un trasunto de la sociedad actual?, ¿un aviso de la implacable y futura muerte?, ¿una alegoría de la escritura en cuanto que reflejo de un dolor? Puede ser, o tal vez no. Y es que si me falta el hilo conductor de una historia, el objetivo, se esfuma buena parte del atractivo de la obra, salvo que se compense con otros aspectos.

La vida y la muerte en «El nadador en el mar secreto», de William Kotzwinkle, por Soledad Blanco

Vuelve mi amiga Soledad Blanco a dejarnos sus emocionadas palabras; ahora, tras la lectura de esta obra corta de William Kotzwinkle. Adelante, Soledad:

Con un lenguaje sencillo, sintético y directo narra el paisaje, los entornos, los pocos personajes que intervienen y los sucesos. Con frases mínimas lo ves todo. Me encanta, es literatura. Describe el anhelo, el miedo, la incertidumbre, la fuerza misteriosa de un ser humano dentro del cuerpo de una mujer. ¿Cómo el feto se va transformando en mariposa, por qué esa fuerza misteriosa por salir de ese mar secreto? Nos moriremos sin conocer de dónde procede el misterio de la vida. Sin embargo, lo único cierto de la vida es la muerte. ¿Qué será lo que hacemos aquí, en este planeta? Qué infinita incertidumbre.

«Penélope y las doce criadas», ¿novela? de Margaret Atwood

Otro libro (¿novela?) que me ha sorprendido. Últimamente lo consiguen casi todos. En esta ocasión, el primero que leo de Margaret Atwood me ha parecido todo un 'experimento', un intento de aportar originalidad a la forma en la que se narra una historia gracias, por ejemplo, a la utilización de dos narradores muy especiales:

La carne muerta tirita en «Yo soy El Otro», novela de Berta Vias Mahou

La impostura, consciente o no, vende. E impostamos todos. Unos, la mayoría, una impostura ligera, como cuando imitamos la forma de vestir de alguien, o sus gustos literarios, o su forma de pensar. Una emulación grabada en nuestros genes y cuya finalidad es la continuidad de nuestra especie. Aunque, ¿no era este un blog de literatura?, estarás pensando. Cierto, pero es que la literatura se relaciona con todo, en especial con la antropología ya que ambas indagan en el origen de nuestro ser. Se supone que imitamos a los que admiramos, para parecernos a ellos porque, suponemos, que así viviremos mejor, seremos más felices. Directa o indirectamente, de ello trata la literatura. Y si somos más felices, viviremos más, seremos más atractivos y procrearemos más, último fin de nuestra existencia, y justificación de la antropología.

Partido a cuento de una novela: «Cielos de barro», de Dulce Chacón

Una novela extraña. Con aspectos que me han gustado mucho y otros que no me han gustado tanto. Empiezo por lo más positivo, al menos para mí.

Por qué nos complicamos tanto la vida, o «El acoso», de Alejo Carpentier

Empecé a leer esta novela corta condicionado por las referencias a la complejidad de la narrativa de Carpentier. Hace unos quince años, tuve un primer indicio de dicha dificultad mientras leía Viaje a la semilla, uno de sus cuentos más afamados.

Otra ¿buena? novela de Paul Auster: «Brooklyn Follies»

Volviendo a mis prejuicios, a Paul Auster lo tengo encasillado como un autor de best-sellers de «prestigio», un ejemplo de escritor de masas que, para conseguirlo, no renuncia a un nivel mínimo de calidad. Y ello, a pesar de que lo que leído de él hasta ahora no me había entusiasmado, como demuestra que no recuerde nada de El palacio de la Luna, leído hace unos diez años, y muy poco del Mr. Vértigo, de lectura algo más reciente.

El Marruecos asfixiante visto por Rafael Chirbes en «Mimoun»

De Rafael Chirbes ya había leído Crematorio y En la orilla, que comenté aquí. Me gustaron tanto ambas novelas que me propuse seguir leyendo más obras suyas, empezando por la primera que escribió, Mimoun. No lo hice inmediatamente después de terminar las leídas ya que, como siempre hago, quería dejar reposar mi entusiasmo. Mientras tanto, escuché algunas de las entrevistas que el autor hizo en televisión. Y, en ese tiempo de espera, falleció Rafael Chirbes, desapareció uno de los escritores contemporáneos que más me habían impactado. Corría el mes de agosto de 2015. Se convirtió en necesidad leer su primera novela, Mimoun, necesidad que no pude satisfacer hasta 2018.

¿Está sobrevalorado Shakespeare en su «Hamlet»?

William Shakespeare. Uno oye hablar de este escritor y, aunque no haya leído ni una línea suya, ya tiene formada una opinión. ¿Prejuicios? Por supuesto, pero quién no los tiene, nos guste o no.

De qué hablamos cuando hablamos de Raymond Carver en «De qué hablamos cuando hablamos de amor», su recopilación de cuentos

Cuando leemos la obra de un escritor, ¿de verdad leemos lo que escribió? Puede que creamos que sí, pero la realidad tal vez sea muy diferente; por ejemplo, con Raymond Carver. Este autor, es considerado uno de los máximos representantes del «realismo sucio» norteamericano; sin embargo, se lo conoce más por lo que publicó su editor, Gordon Lish, que por lo que escribió.

La vida de hoy en «El ruido del arcoíris», novela de Pedro Carrasco Garijo

Aún me considero inmerso en el período de formación como escritor (quizás nunca salga de él), ya que se dice que solo cuando se han dedicado más de 10.000 horas a alguna actividad, uno puede decir que la domina. Según mis cálculos —caseros—, me faltarían aún unas 3.000. De ahí que entre mis lecturas abunden los clásicos y los escritores consagrados. Sin embargo, de cuando en cuando, para cambiar de aires, me apetece leer algo muy actual y de autores por consagrar, como es el caso de Pedro Carrasco Garijo.


Eloy Tizón nos enseña «Técnicas de iluminación», su libro de relatos

Lo que son las expectativas. Empecé a leer esta recopilación de relatos de Eloy Tizón con la seguridad de que no la disfrutaría. ¿Cómo me podría gustar un texto en el que el narrador, nada más empezar el primer cuento, Fotosíntesis, dice «mastica oxígeno y piñones» y «se peina con el canto de las manos»? Sin embargo, continué leyendo. Avancé, con creciente curiosidad, hasta que en el séptimo cuento, Alrededor de la boda, descubrí una historia magistralmente contada. Desde entonces, cada nuevo relato encontraba su hueco en mi sensibilidad.

El realismo casi mágico de «El llano en llamas», libro de Juan Rulfo

¡Qué vamos a saber! No sabemos nada. Vienes y te vas. No busques. No encontrarás. Si quieres, creerás. Pero no le des más vueltas. Es así de sencillo. Solo es eso. Lo demás es complicarse inútilmente. Esto lo digo yo, aunque ya lo sabían muy bien los personajes de El llano en llamas.

La lectura tranquila de «Una suerte pequeña», novela de Claudia Piñeiro

Uno lee esperando encontrar algo que lo acerque, aunque mínimamente, a ese destello vital que, intuye, debe existir en este mundo. Unas veces cree encontrarlo, otras, a las pocas páginas ya sabe que tendrá que esperar a otra lectura. Y todo ello, sabiendo sin saber que las respuestas ya estaban en uno mismo y que las lecturas no hacen nada más que iluminar ese yo que estaba dormido u oculto bajo capas y capas de cotidianidad. Por eso, por si acaso, hay que leer y leer. Así llegué a esta novela de Claudia Piñeiro, novelista y periodista en español (dejémonos de nacionalidades).

Por fin, una novela que me ha hecho reír: «Juegos de la edad tardía», de Luis Landero

Sé que soy un lector poco sofisticado. No busco, porque me cuesta encontrar, profundas simas de sabiduría, ocultas en geniales combinaciones de palabras; despacho sin miramientos las tramas que van hacia delante y hacia atrás en el tiempo (las tramas, no los argumentos, que estos siempre avanzan, como aprendí en su momento). Eso sí, si descubro alguna perla en forma de metáfora comprensible o de cualquier otra figura retórica, la valoro como un tesoro.

La novela poética o la poesía novelada en «La larga vida de Marianna Ucrìa», de Dacia Maraini

He aquí poesía escrita en forma de prosa. Esto es lo bueno; lo malo: el original está en italiano y a la poesía, ya se sabe, no le gusta ser traducida. Dacia Maraini derrocha una narrativa preciosista con un estilo muy personal que incluye, entre otros detalles, la proliferación de adjetivos para un mismo sustantivo y los párrafos cortos llenos de ritmo; narrativa que hay que leer con calma para descubrir todos sus significados. Salvando las distancias, Marianna Ucría, la protagonista, me ha recordado al Aureliano Buendía de Cien años de soledad, la novela de García Márquez.

Cuando la verdad no importa o «El olor de la noche», novela de Andrea Camilleri

Hace poco leí una serie de artículos en el diario El País (aquí, aquí, aquí y aquí) acerca de nuestra incapacidad para cambiar de opinión aun cuando tengamos sobradas evidencias de que estamos equivocados; incapacidad que, me temo, impide que aprendamos de nuestros errores. Es un aspecto de la naturaleza humana que insiste en ocupar mis pensamientos de forma recurrente cada cierto tiempo, sobre todo cuando la prensa informa de algún acontecimiento que excede mi comprensión.

Resolviendo enigmas con «El psicoanalista», novela de John Katzenbach

Cuidado: inocente, pero "spoiler" real.

Acabo de terminar esta novela, de la que me habías hablado muy bien. Me ha gustado bastante; en especial la sorpresa por el "renacimiento" del protagonista y su reconversión de perseguido a perseguidor; además de que el entramado es espectacular.


Cómo he disfrutado escuchando «Cementerio de animales», la novela de Stephen King

Esta novela no la he leído, la he escuchado gracias a un audiolibro (acabo de darme cuenta de que no conozco una palabra específica para «leer con el oído» como sí la hay para hacerlo con la vista: «mirar/ver» es a «leer» como «oír/escuchar» es a «??????»).

Brevísimo comentario de "Novela de ajedrez", de Stefan Zweig

Sé que Stefan Zweig tiene admiradores que, prácticamente, lo veneran hasta el punto de considerarle un genio; algunos de los que lo ensalzan alcanzan la consideración de famosos; otros no lo son, aunque sus opiniones son de las que aprecio.

Notas tomadas de «Canción dulce», la novela de Leila Slimani

«El bebé ha muerto». Parece spoiler, pero es la primera frase de esta novela. No podía ser más efectista. La muerte, siempre presente para interesar al lector, para sacarle de esa modorra vital en la que suele navegar.

Preguntas que me hago tras leer "La buena reputación", novela de Ignacio Martínez de Pisón

Como en toda obra que intento comentar, me pregunto con qué autoridad me he autoinvestido para enjuiciar aciertos y errores del autor; yo, que sé de sobra lo complicado que es escribir una novela. Más bien debería decir que me propongo reflexionar sobre mí mismo, sin que ello quite o dé valor a la obra leída ni a su autor. Parece una especie de pudor, pudor que noto creciente conforme me siento más comprometido con la escritura.

Deslumbrado por "El adversario", novela de Emmanuel Carrère

De tarde en tarde se lee un libro que nos reconcilia, no ya solo con la literatura, sino hasta con el mundillo editorial, que ya es decir. Pues bien, en esta ocasión ha sido El adversario, la novela de Emmanuel Carrère, la que ha conseguido, de nuevo, el milagro.

Libros de autoayuda, ¿sí o no?

Reconozco mis prejuicios en contra de los libros de autoayuda, a pesar o como consecuencia de haber leído unos cuantos.


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