Muchos más que «Padres e hijos» en la novela de Ivan S. Turguéniev


Al margen de lo que conocía de esta novela por lo que he leído en otros libros (sociología de la prerevolución rusa), no me cabe duda de que Turguéniev pretendía mucho más que mostrar unos cuantos caracteres sociales. Más bien creo que, aprovechando o poniendo como excusa esos caracteres, el autor intentó reflejar en su obra la eterna división de la naturaleza humana basada en el siguiente planteamiento: cuanto más consciente se es de nuestra condición existencial, menos feliz se puede llegar a ser. Además, una vez que se sabe lo que se es, es casi imposible regresar al estado de ignorancia que permitía ser feliz, como sucede, por ejemplo, con el paso de la juventud a la madurez. En aquélla todo era ilusión porque no se hacían preguntas acerca de la propia situación personal. En la madurez ha desaparecido la ilusión ya que se sabe cuál será el final, de modo que las preguntas que se hacen ya no tienen respuesta.

Esta idea de que solo los ignorantes pueden llegar a ser felices —distinto es que lo vayan a ser necesariamente— se puede traducir también en lo siguiente: cuanto más se aleja uno de la naturaleza menos feliz se puede llegar a ser. Es como si al hombre se le hubiera condenado a la infelicidad a cambio de tener conciencia propia.

Aun así, lo que más me interesa comentar aquí es que esta idea, se esté de acuerdo o no con ella, está magistralmente tratada en la novela. Basárov, el protagonista, es una especie de Jesucristo que lleva sus ideas hasta el final; ideas catalogadas por él mismo como nihilistas, o lo que es lo mismo, que está contra todo. Y lo está porque es consciente de su propia situación, mientras que sus padres no lo son. Este párrafo es ilustrativo de lo dicho:

«Pienso en lo agradable que es para mis padres. Mi padre, a los sesenta años, tiene preocupaciones, habla de remedios "paliativos", asiste a los enfermos, es generoso con los campesinos, en una palabra, se divierte. También mi madre tiene sus días tan llenos de diversas ocupaciones que apenas le da tiempo a volver en sí: y entre tanto yo... estoy aquí acostado, a la sombra de este almiar..., el estrechísimo espacio que ocupo es tan reducido en comparación con el restante espacio, en el que no estoy, y en el que no tengo nada que hacer, y al tiempo que me corresponde vivir es tan mezquino ante la eternidad, donde no he estado ni estaré... Y sin embargo, en este átomo, en este punto matemático, circula la sangre, trabaja un cerebro y algo quiere también... ¡Qué barbaridad!¡Cuánta pequeñez!... Tienes razón, pero he querido decir que ellos, o sea mis padres, están ocupados y no les inquieta su propia nulidad, no los consume..., mientras que yo..., yo solo siento tedio y enojo.»

Para mí, esta sería la idea principal de la novela; la segunda sería la irreversibilidad de la autoconciencia: Basárov no puede volver a una situación de ignorancia por mucho que lo intente dejándose engañar por artificios varios creados por la sociedad para no pensar: categorías sociales, religión, normas de educación, etc.

Consecuente con este planteamiento estaría la dificultad de hacerse «consciente» alguien cegado por las delicias de la vida inconsciente, como le sucede a Arkadi, el amigo de Basárov, quien intenta acercársele a pesar de que sus raíces están demasiado hundidas en su mundo artificioso, pero placentero. Es más, el propio Turguéniev lo explicita en una canción puesta en boca del padre de Basárov:

«¡Atengámonos a la ley, a la ley, a la ley, para vivir a placer!»

Más claro, imposible. Me recuerda a la canción del oso Baloo en la película El libro de la selva, en la que exhorta a Molwi, el niño protagonista, a no pedir a la vida más de lo que ofrece la Madre naturaleza si quiere ser feliz.

Los padres de Basárov y Arkadi representan la envidiable situación de quien disfruta de la vida gracias a su ignorancia. Es de destacar que Turguéniev no toma de partido por ninguno de los «bandos». Al contrario parece que acepta como buenas tanto la existencia tradicional y viva de los padres como la atrevida y «muerta» de Basárov.

En definitiva, en mi opinión, el libro expresa de forma clara y emotiva, pero profunda y con conocimiento de causa, la lucha por la vida del ser humano, tanto del que es consciente como del que no lo es.

Lo mejor que puedo decir de un libro es que me haya gustado tanto que desearía leer el resto de las obras del autor. Y esto me ha ocurrido con este. Lástima que a la vez exista el deseo de conocer a otros autores que aún no he leído y de los que espero que sus obras, aunque difícil, me gusten tanto como esta novela de Ivan S. Turguéniev.

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