El Cortázar más joven en «La otra orilla»

En este maratón literario que estoy disfrutando gracias a la obra de Julio Cortázar, era obligado ir al inicio, a la que fue su primera (y despreciada por él mismo) recopilación de cuentos: La otra orilla. De hecho, este volumen fue publicado póstumamente.

Aún así ya quisiera yo haber escrito el peor de estos relatos, pero comprendo que Cortázar no los publicara en vida para no desmerecer su trabajo posterior. Así, de los trece cuentos incluidos en La otra orilla, solo tres me han parecido cuentos excelentes, sobre todo «Retorno de la noche» (los otros dos son «Bruja» y «Llama al teléfono, Delia»). El resto de las historias están muy bien escritas, pero son poco interesantes, al menos para mí; tan poco que, algunos cuentos los he abandonado antes de terminarlos («Distante espejo», por ejemplo).

En cualquier caso, la posible falta de interés por los argumentos queda sobradamente compensada con la calidad de la prosa que, a pesar de la juventud de Cortázar, ya incluye impactantes metáforas y deslumbrantes descripciones, como en estos fragmentos:

  • El doctor September era un individuo con una redonda cara de mariposa en bancarrota.
  • La noche era antipoética y calva.
  • Apenas ha concluido el análisis cuando la invade una violenta infelicidad, una opresión física como un bolo histérico que le sube a las fauces y le impulsa a correr, a marcharse, a cambiar de vida; cosas a las que una profunda inspiración, cerrar dos segundos los ojos y llamarse a sí misma estúpida bastan para anular fácilmente.
  • Trata de ordenar sus inmediatas intuiciones, identificarlas y hacerlas conocimiento: movimiento de la mecedora, dolor en el pie izquierdo, picazón en la raíz del cabello, gusto a canela, canto del canario flauta, luz violeta en la ventana, sombras moradas a ambos lados de la pieza, olor a viejo, a lana, a paquetes de cartas.
  • [...] se acentúa en su rostro la sombría conformidad del que alcanza la paz a través de moderado razonamiento y no con el alegre desorden de una existencia total.
  • Mi interés se tornó bien pronto analítico. Cansado de maravillarme, quise saber; he ahí el invariable y funesto fin de toda aventura.

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