Cuando Hemingway la visitó, ¿seguro que «París era una fiesta»?

¿Por qué gustan las biografías y, sobre todo, las autobiografías?; ¿será que disfrutamos comparando nuestra vida con la de otro? Porque, no nos engañemos, nadie sabe de qué va esto: nos soltaron sin un mísero manual de instrucciones; hablo de la vida, claro, pero podría decirlo también de este oficio de escritor. Nadie sabe nada; aún así todos sentimos la necesidad de dirigirnos a los recién llegados, cuando bien sabemos que, si somos honestos, solo deberíamos decirles que no sabemos ni hemos aprendido nada. Y seguro que, Hemingway, al final, era consciente de lo anterior; pero volvamos a su libro.


Hemingway no se merecía una traducción como la que hizo Gabriel Ferrater para su obra A Moveable Feast, o París era una fiesta en español: hay demasiadas frases traducidas tan literalmente del inglés que dificultan su comprensión en español. Aún así, la fuerza de la narrativa de Hemingway se sobrepone y consigue que conozcamos al ser humano que está detrás de esas novelas que nos deslumbraron.

Sorprende encontrar a un Hemingway humilde, que se deja aconsejar y hasta regañar por Gertrude Stein. De alguna forma, consigue que me reconcilie conmigo mismo al comprobar que autores tan magistrales también dudaban de su obra. Las certezas nunca fueron buenas consejeras, ya que suelen procurar un bienestar efímero, una relativa seguridad, a un precio demasiado alto: el de limitar nuestras posibilidades, ya sean creativas o vitales. Lo de siempre: es un mal negocio vender libertad para comprar seguridad.

Además de lo anterior, quiero resaltar en esta corta autobiografía el capítulo en el que el autor habla de su relación con Scott Fitzgerald, el autor de El gran Gatsby, por lo enternecedor que resulta el cuidado desinteresado y fiel que le procura Hemingway, no tanto por su amistad, ya que eran prácticamente desconocidos, como por la admiración que sentía Hemingway por Scott Fitzgerald.

Para terminar algunos fragmentos que he anotado, que incluyen algunas pautas interesantes para escritores:

  • Trabajaba hasta que no terminaba lo que estaba haciendo, a la vez que sabía lo próximo que iba a hacer. Así estaba seguro de saber lo que haría el día siguiente.
  • Solo tienes que preocuparte de empezar con una frase auténtica.
  • Por entonces, ya había descubierto que todo, lo bueno y lo malo, deja un vacío cuando se interrumpe. Pero si se trata de algo malo, el vacío va llenándose por sí solo. Mientras que el vacío de algo bueno solo puede llenarse descubriendo algo mejor.
  • Era un cuento muy sencillo titulado «Out of Season», en el cual omití el verdadero final, que era que el viejo protagonista se ahorcaba. Lo omití basándome en mi recién estrenada teoría de que uno puede omitir cualquier parte de un relato a condición de saber muy bien lo que uno omite, y de que la parte omitida comunica más fuerza al relato, y le da al lector la sensación de que hay más de lo que se le ha dicho.
  • Dicen que las simientes de todo lo que haremos están en todos nosotros, pero a mí me parece que en los que bromean con la vida las simientes están cubiertas con mejor tierra y más abono.
  • Yo quiero escribir de modo que haga efecto sin que el que lee se dé cuenta, y así, cuanto más lea más efecto le hará.
  • [Referido a Dostoievski]. No acabo de entenderlo. ¿Cómo puede escribir tan mal, tan increíblemente mal, y hacernos sentir tan hondamente?
  • Mi sospecha es que Scott no había nunca bebido vino directamente de la botella, y la cosa le excitaba como una expedición a los barrios bajos, o como se excita una muchacha cuando por primera vez se arroja al mar sin traje de baño.
  • Todas las verdaderas maldades nacen en estado de inocencia. Uno vive al día, y goza de lo que tiene y no se apura. Uno empieza a decir mentiras, y no quisiera decirlas, y empieza el desmoronamiento y cada día crece el peligro, pero uno va viviendo al día, como en la guerra.

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