Preguntas y más preguntas acerca de «La perla», novela de John Steinbeck

Cuando se termina de leer un libro, uno suele saber si le ha gustado o no. Sin embargo, en ocasiones no sabemos por qué, sobre todo si es un buen libro. ¿Ha sido por la historia?, ¿fue la forma de contarla?, ¿no fue por tal o cual personaje que nos encantó o nos disgustó?, ¿o fue responsabilidad del estilo narrativo, abarrotado de eficaces metáforas geniales o, por lo contrario, por su sencillez, que rozaba la crudeza?, ¿acaso ese final nos ha dejado traspuestos?, ¿quizás fueron los temas subyacentes?, ¿tal vez la originalidad de la trama?


Estas preguntas me las hice en el caso de La perla y podría responder fácilmente a cada una de ellas; aun así seguiría sin saber con cuál de ellas me quedaría para calificar esta novela corta o cuento largo. Puede que, incluso, no sobresalga en ninguno de los aspectos que estaban detrás de las preguntas anteriores. Puede que hasta crea que lo más llamativo de la novela (la crítica social implícita) no fuera lo que, en el fondo, quería transmitir John Steinbeck al lector.

Si estás pensando que no dejo de dar rodeos para evitar decir que el libro no me ha gustado, quizás no te equivoques. Desde luego, se me ha quedado muy lejos de Las uvas de la ira. Quizá haya sido un problema de expectativas. Tal vez.

Lo que sí confirmo es la calidad de la prosa, como se comprueba en los siguientes fragmentos:

  • Cuando Kino hubo acabado, Juana regresó al fuego y desayunó. En una ocasión habían hablado, pero no hay necesidad de palabras cuando se actúa por hábito. Kino suspiraba satisfecho, y esta era suficiente conversación.
  • [...] mar y tierra tenían las firmes claridades y la vaguedad confusa de un sueño.
  • El rifle echaba abajo todas las barreras. Era una verdadera imposibilidad, y si podía pensar tranquilamente en ello, horizontes enteros se disgregaban y se veía libre de toda atadura. Porque se dice que los humanos no se satisfacen jamás, que se les da una cosa y siempre quieren algo más. Y se dice esto con erróneo desprecio, ya que es una de las mayores virtudes que tiene la especie y la que la hace superior a los animales que se dan por satisfechos con lo que tienen.
  • Kino se sentó en el suelo y se puso a mirar los ordenados viajes de las hormigas. Marchaban en columna y con el pie les interrumpió el paso; entonces ellas treparon sobre el pie y prosiguieron su camino.

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