Yo venía a hablar del libro de Umbral: «Las ninfas»

Confieso que inicié la lectura de este libro con prejuicios, lo que no es ninguna novedad: Francisco Umbral, como persona, me ha parecido siempre alguien demasiado pagado de sí mismo. Ya sé que no debería dejarme influir por circunstancias no literarias, pero ¡es tan difícil no hacerlo!


Quizás, como penitencia por aquellos prejuicios, en esta ocasión he insistido en la lectura de esta novela hasta que la he terminado. Y me alegro de haberlo hecho porque, a pesar de ciertos aspectos de su escritura, me ha gustado la experiencia, de ahí que Francisco Umbral, si viviera y se enterara, podría contarme entre sus admiradores. Intentaré explicar por qué, aunque para ello necesite "espoilear" algo.

Como todo buen escritor, Umbral tenía algo que contar. Lo que cuenta, con tintes autobiográficos, son las vivencias de un muchacho desde el comienzo hasta el final de la adolescencia (¿autobiográfico?, puede ser). Pero esto, que sería un brevísimo resumen del argumento, deja paso a unos matices que, para mí, son mucho más interesantes. En especial, la progresiva desilusión que provoca en el protagonista el conocimiento en profundidad de todo lo que admira. Desde su novia pescadera (María Antonieta) hasta su amigo literato (Darío Álvarez Alonso) pasando por su amigo perfecto (Cristo-Teodorito). En el fondo, esta idea rezuma algo que me vengo planteando desde hace algún tiempo: que sólo ilusiona aquello que se desconoce, ya que, cuando se conoce, puede gustar o disgustar pero no ilusionar, con lo que desaparece toda la magia que antes se le suponía. Y esto ¿qué quiere decir, que es preferible mantenerse ignorantes para mantenernos ilusionados o que es mejor conocer aunque perdamos la ilusión? No lo sé, ni creo que lo sepa nadie, ¿o sí?

Un segundo aspecto que me ha llamado la atención es el tratamiento que se hace de los personajes femeninos; personajes mucho más fuertes que los masculinos, hasta el punto de que llegan a dominarlos, como consecuencia de que a ellas les es dado el conocimiento de la realidad antes que a ellos: Tati, Jesusita y María Antonieta tienen claro lo que quieren y lo buscan sin dudarlo. Son sus respectivos novios y no ellas los que se ilusionan y se desnortan. Casi llega a ser cruel el pragmatismo de María Antonieta, tanto en el rompimiento con el protagonista como con su noviazgo con Darío Alvarez Alonso.

En resumen, una excelente novela que se lee con facilidad y con interés, aunque en algunos momentos evidencie, en mi opinión, ese deseo del autor  de dar excesivas vueltas a una escena; o dicho algo más técnicamente, que abuse un «pelín» de las perífrasis. Aun así, he descubierto que Francisco Umbral fue alguien nada vacuo, además de un excelente escritor... a pesar de su imagen. Más adelante leeré más de él, seguro.

¿Acaso coincides conmigo? ¿Acaso no? Pues deja tu impronta más abajo.

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