Los personajes de "Madame Bovary"

Todos, o casi todos, hemos leído Madame Bovary, la novela de Gustave Flaubert. En mi caso, releído; la última vez con afán de descubrir las claves que convierten a esta obra en un artefacto capaz de someter mi voluntad para no parar de leer.


Diagramé la trama. Deglutí los diálogos. Leí la correspondencia de Flaubert con su amante Louise Colet. Quise encontrar rescoldos del Quijote y los encontré en los personajes. Por eso hoy no quiero hablar de la historia, ni siquiera del tema o temas de la novela, sólo de los personajes, más bien de los protagonistas: Carlos Bovary y su mujer Emma (Madame Bovary). El resto de los personajes (el farmacéutico, Rodolfo, León, etc.) no forman parte de la trama principal y siguen, más o menos, las pautas de sus respectivos clichés. Sin embargo, con Carlos y Madame Bovary, Flaubert no sólo describe unos tipos de personas sino que muestra qué es la vida para él: una existencia impuesta por la naturaleza con sus correspondientes leyes; existencia que transcurre dentro de unos cuerpos que, tal vez por error de la propia naturaleza, son capaces de ir más allá y desear más de lo que deberían.

Carlos se conforma con lo que tiene, es feliz. Lo mismo que, seguramente, el resto de animales que habitan la tierra. Hasta el punto de que, para seguir estando satisfecho, prefiere cerrar los ojos a la evidencia. Se diría que es el prototipo de ser humano que la naturaleza ha diseñado. Que esto es así lo compruebo por la simpatía que me genera este personaje, por ser alguien que, aun siendo engañado, ama ciegamente.

En el otro extremo está Emma. Ella no se conforma con lo que tiene: se ilusiona, es capaz de desear un amor infinito por parte de Rodolfo o de León. Ni se le ocurre que pueda ser algo irreal. Mientras que sueña se escapa de su condición humana para ir más allá, sin ser consciente de que esos amores son imposibles. Al no conformarse con su situación real, pone fuera de juego a la vida, cerrándosele todos los canales posibles para desarrollar su imaginación. Sueños que -CUIDADO: descubro el final- terminan por matarla. Es una visión pesimista de la vida al transmitir el mensaje de que cuanto más humanos seamos más soñadores seremos, pero también menos naturaleza y, por tanto, menos felices.

Efectivamente, este es el trasfondo de una de las mejores novelas que he leído: Don Quijote, personaje que no deja de ser un trasunto de Emma mientras que Carlos lo es de Sancho. Dos novelas de dos épocas muy distintas pero que sondean el mismo problema: la contradicción vital del ser humano al tener una conciencia surgida de un cuerpo que le ha prestado la naturaleza; conciencia que se rebela cuando cae en la cuenta, demasiado tarde casi siempre, que sólo existe por y para su cuerpo mortal, nunca al revés.

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