Reseña mínima de "El amante", novela corta de Marguerite Duras

Novela de difícil lectura. Parece una sucesión de frases engarzadas con un hilo conductor casi invisible. En ocasiones, las oraciones están escritas en pasado, otras, en presente; de vez en cuando en primera persona y, alternativamente, en tercera. Como si la autora quisiera que el lector se perdiera entre los entresijos de las emociones de la protagonista con la intención de retarle a seguir sus pensamientos, que son los de la autora/narradora.

Toda una prosa arriesgada, que roza la poesía y que está sobrada de calidad, como lo demuestran las perlas que he entresacado:

  • Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde.
  • Nunca he escrito, creyendo hacerlo, nunca he amado, creyendo amar, nunca he hecho nada salvo esperar delante de la puerta cerrada.
  • El cuerpo es delgado, sin fuerza, sin músculos, podría haber estado enfermo, estar convaleciente, es imberbe, sin otra virilidad que la del sexo, está muy débil, diríase estar a merced de un insulto, dolido.
  • El ruido de la ciudad resulta tan próximo, tan cercano, que se oye su roce contra la madera de las persianas.
  • Nadie que sea mirado merece ser objeto de una mirada. Siempre es deshonroso.
  • Estamos unidos en una vergüenza de principio por tener que vivir la vida.
  • Por qué todos sus vestidos tenían un no sé qué que escapaba, que hacía que no fueran del todo suyos, que igual hubieran podido cubrir otro cuerpo. Vestidos neutros, estrictos, muy claros, blancos como el verano en mitad del invierno.
  • De entrada nunca se sabe de dónde procede y luego uno se dice que sólo puede proceder de otra parte, de allá.
  • Están los dos en la tumba, sólo los dos. Es justo. La imagen es de un esplendor intolerable.
  • Tuve esa suerte, la de esas noches, la de esa madre. La luz caía del cielo en cataratas de pura transparencia, en trombas de silencio y de quietud. El aire era azul, se cogía con la mano.
  • Es el barrio inglés, los parques de la embajada, sopla el monzón, los tenis están desiertos. A lo largo del Ganges, los leprosos se ríen.
  • Ha parado el viento y bajo los árboles hay esa luz sobrenatural que sigue a la lluvia. Los pájaros gritan con todas sus fuerzas, dementes, afilan el pico contra el aire frío, lo hacen sonar en toda su amplitud de modo ensordecedor.


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