Crónicas marcianas, de Ray Bradbury

Aunque se trata de una serie de cuentos que he leído que fueron escritos sin intención inicial de recogerlos en un único volumen, están ordenados para aparentar una secuencia temporal, ayudada por la fecha que se indica al comienzo de cada relato.


Reconozco que siempre empiezo la lectura de ciencia-ficción con ciertos prejuicios, pero también reconozco que me suele pasar que, después de las primeras páginas aquellos prejuicios se esfumaban y lo que quedaba era el interés que me hubiera producido la historia. Y con estas Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, ha vuelto a pasarme. Conforme avanzaban las páginas, me metía más y más en la historia, mejor dicho, en las historias narradas desde una distancia que era solo aparente ya que el narrador se deleitaba en mostrarnos los cielos, la tierra, el desierto.


El libro tiene varios momentos en los que el lector recibe un puñetazo de sensaciones, a su pesar porque le gustaría que las cosas pasaran de otra forma y, sin embargo, no siempre era así. Este esfuerzo por zarandear emocionalmente al lector se consigue plenamente.


Después de terminar Crónicas marcianas, queda un poso de inquietud provocado por el mensaje que el autor ha querido trasmitir y, sobre todo, por la forma en la que lo ha hecho; aunque no es fácil decir cuál es el mensaje principal, el tema. En realidad hay muchos temas evidentes -la guerra, la envidia, la codicia-, pero los mejores son los que aparecen más ocultos, como la necesidad de caer bien a los demás


El estilo utilizado por Bradbury es directo, sin palabras rebuscadas. Muy descriptivo de lo que va pasando. Como dije antes, no elude la ambientación, pero la resuelve en pocas palabras.


Al final, a lo que le he venido dando más vueltas es al proceso creativo de Ray Bradbury por el que, posiblemente, unas pequeñas chispas, unos sucesos irrelevantes se convirtieron en su momento en historias tan bien resueltas. Claro, no puedo evitar la envidia. Qué le vamos a hacer.


Por último, dos frases que he anotado:


“La guerra era algo tan apartado y lejano como el duelo a muerte de dos moscas bajo la nave de una enorme catedral silenciosa; e igualmente absurda.”: Dos moscas peleándose en una catedral. Imposible superar esta comparación tan desproporcionada para reflejar lo distante que se siente lo que no nos afecta.


“El capitán tenía el aspecto de querer ir a sentarse debajo de un árbol, a la sombra.”: Esta frase aparenta ser trivial, pero no lo es. ¿Qué aspecto tiene alguien que quiere sentarse debajo de un árbol? Da igual que no exista ese aspecto. Sabemos qué se quiere decir. ¿Me paso de quisquilloso con el lenguaje?

2 comentarios:

  1. Hace mucho que no releo estas Crónicas Marcianas, Bradbury es para mí un autor al que volver de vez en cuando, pero reconozco en tus palabras muchas de las sensaciones que se tienen al leer a este autor. Me ha llamado especialmente la atención esa última cita que recoges y que no recuerdo (que uno no es una computadora, aún...), porque me parece que sí, que es muy de Ray, que era capaz de ser evocador hasta unos límites difíciles de alcanzar. Hay un libro suyo que puede que sea mi favorito, El vino del estío, que se basa en ese poder evocador, una obra que te deja deslumbrado, a las puertas de la infancia pero conectado con el adulto que aún es capaz de sentir imaginando, te lo recomiendo.

    Un saludo

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    1. Gracias por tu comentario, Víctor. Tras tus indicaciones no puedo por menos que anotarme "El vino del estío" para leerlo en cuanto pueda.

      Un saludo.

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