Mis prejuicios contra "Orgullo y prejuicio", la novela de Jane Austen

Solo recuerdo una novela que haya leído en menos tiempo que Orgullo y prejuicio, y fue Un mundo feliz, de Aldous Huxley: me bastó una sola noche. Para la novela de Jane Austen he necesitado cuatro días; en su descargo hay que decir que tiene algo más de cuatrocientas páginas contra las menos de trescientas de Un mundo feliz. ¿Y cómo es que me ha interesado tanto su lectura cuando he pospuesto durante años, ahora sé que demasiados, conocer la obra de Jane Austen?, me pregunto; y me respondo: Por mi prejuicio contra la literatura romántica. Después de leer esta novela, reconozco que este prejuicio me acompaña aún ya que, al menos para mí, Orgullo y prejuicio no es una novela romántica; es una obra soportada en los laberintos emocionales de un grupo de personas que tienen que sobrevivir en un entorno adverso.

Antes de empezar a leer esta obra ya había visto la versión cinematográfica y conocía el desenlace, pero esto no redujo el interés de la lectura; todo lo contrario: desde las primeras páginas, me enganchó la puesta en escena con unos personajes absolutamente arquetípicos. ¿Cómo ha sido posible este nivel de interés considerando que dicho planteamiento (personajes planos y trama conocida) iba en contra de las recomendaciones más básicas para que una narración resulte interesante?; yo creo que el motivo ha sido doble: la habilidad de Jane Austen para mostrarnos, segundo a segundo, los vericuetos mentales de todos los personajes, no solo de los protagonistas; y la finura, la sutileza en las gotas de ironía que se dejan caer disimuladamente a lo largo del texto.

Todo ello consiguió que las quince horas que dediqué a su lectura las consumiera con ansiedad; horas en las que lamentaba cada interrupción porque me impedía conocer mediante qué "artimañas" emocionales la autora conseguía que la historia prosiguiera sin traicionar su veracidad.

Para que este "artefacto" de intriga narrativa funcione tan bien, Jane Austen creo unos personajes con unas características muy diferentes entre sí y los dejó interactuar entre ellos. Cada uno refleja un cliché determinado y, prácticamente, no se salen de su laberinto emocional ya que casi no existe un mundo exterior, y el que se muestra no se cuestiona, por muy injusto que sea. Los personajes sólo viven para la historia, situación bastante irreal, pero que el lector no la percibe en ningún momento, sólo preocupado por los alternativos acercamientos y alejamientos entre Elizabeth Bennet y Fizwilliam Darcy o entre Jane Bennet y Charles Bingley.

En definitiva, ya no tengo excusa para leer el resto de la obra de Jane Austen, aunque siga siendo precavido respecto de la literatura romántica.

Unas pocas frases de Orgullo y prejuicio que, en mi opinión, merecen que las resalte:

  • "Son jóvenes aún para ver la realidad del mundo y adquirir la humillante convicción de que los hombres guapos deben tener algo de qué vivir, al igual que los feos."
  • "Sus ojos recorrían el papel con tal ansiedad que apenas tenía tiempo de comprender, y su impaciencia por saber lo que decía la frase siguiente le impedía entender el sentido de la que estaba leyendo."
  • "Elizabeth nunca creyó que fuese capaz de tanta desfachatez, pero se sentó decidida a no fijar límites en adelante a la desvergüenza de un desvergonzado."
  • "A todos nos gusta dar lecciones, pero sólo enseñamos lo que no merece la pena saber."

2 comentarios:

  1. Las premisas de las novelas románticas son que la trama principal gira en torno a una relación amorosa y que debe terminar con final feliz, requisitos que la obra de Jane Austen cumple a la perfección. Lamentablemente, el género romántico sufre y seguirá sufriendo el estigma de literatura basura para mujeres. Es cierto que hay obras de una calidad pésima pero eso pasa en romántica y en todos los géneros. No soy imparcial con este tema, yo escribo novela romántica y o maravilloso de nuestro género es la capacidad de emocionar, algo que no es tan fácil visto desde fuera.
    Espero que te animes a seguir leyendo romántica, te aseguro que al final te engancharás :P
    Un abrazo!

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    1. Menos mal que has comentado el artículo, Paola: esperaba generar una polémica que no se ha dado. Muchísimas gracias por tu comentario y por pasarte por este blog.

      No soy ningún especialista en filología y, por tanto, no podría afirmarlo con la rotundidad del experto, pero yo diría que las dos premisas que comentas para la novela romántica se dan en la misma, desde luego, pero también pueden darse en muchas novelas de otros géneros y que, difícilmente, podría catalogarlas como románticas: desde la clásica “Grandes esperanzas”, de Mark Twain hasta la reciente “Perdida”, de Gillian Flynn. Y ello lo creo porque en una buena parte de la novelística se necesita una relación amorosa para interesar al lector, como sentimiento universal que es el amor entre humanos.

      Opino más bien, e insisto en que solo es mi opinión, que la novela romántica tiene que ver más con una forma de tratar la relación amorosa; una en la que se le da una cobertura mucho más amplia que en otros géneros, tanto en número de páginas que se dedica a dicha relación como en la profundidad de los detalles que se narran, sin dejar de lado los meramente fisiológicos. Es decir, lo veo como un problema de grado y, por tanto, en algunos casos, difícil de distinguir: para mí, “Orgullo y prejuicio” no dedica el suficiente espacio y profundidad a la relación amorosa en sí, pero sí lo hace, por ejemplo, “El amante de Lady Chatterley”, la novela de D. W. Lawrence.

      De cualquier forma, estoy convencido de que las novelas buscan a sus lectores y no al revés; de forma que una misma novela puede parecerme romántica y a otra persona no: la novela es el espejo en el que se mira el lector.

      Aprovecho para darte la enhorabuena por tus libros y por tu blog, cuya dirección, espero que no te importe, pongo aquí: http://www.paolacalvarez.com/

      Un abrazo.

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