Cómo leo una novela

Alice Hampson vía unsplash.com
Sé que cada cual lee como mejor le parece. Unos para pasar el rato, otros para sentir emociones ausentes en su vida y algunos por mero deleite intelectual. Cuál de estos lectores es el ideal, es una pregunta que sé que no debería hacerme, pero que me la hago de forma recurrente.


Busco información para documentar lo que bulle en mis neuronas y lo primero que encuentro es esta frase atribuida a Virginia Woolf: "... el único consejo que una persona puede darle a otra sobre la lectura es que no acepte consejos, que siga su propio instinto, que utilice su sentido común, que llegue a sus propias conclusiones." Peligro. Después, me tranquilizo al comprobar que lo dice en el ensayo "¿Cómo debe leerse un libro?", que está repleto de consejos. 

Liberado del conjuro de Virginia Woolf, continúo con mi idea de hablar de la mejor forma de leer una novela. No en sus aspectos físicos (tumbados o sentados, por la mañana o por la noche, en papel o en ebook) sino de qué manera hay que fijarse en lo que uno lee. Rescato de mi librería el ensayo de Harold Bloom "Cómo leer y por qué". Un libro que compré hace muchos años atraído por su título y que no he llegado a leer porque no va de cómo leer sino de qué leer: es una larga lista de recomendaciones canónicas de lectura, bien justificada cada una, eso sí. En esta ocasión me he limitado a leer el prólogo y las "observaciones sumarias" a la lectura de novelas. Harold Bloom se atreve a darnos una fórmula de cómo leer: "encontrar, en aquello que sintamos próximo a nosotros, aquello que podamos usar para sopesar y reflexionar, y que nos llene de la convicción de compartir una naturaleza única, libre de la tiranía del tiempo". Vamos bien. Y añade "límpiate la mente de tópicos pseudointelectuales" para resumir que "hay muchas maneras de leer bien, pero en todas está implicada nuestra atenta receptividad. [...] por lo que la «sabia pasividad» de Wordsworth me parece la expresión más feliz para definir la clase de atención que requiere la buena lectura." Entonces, ¿cuál es el mensaje de este autor?: Baja la guardia al leer. Suscribo con entusiasmo esta idea y, por eso, la comento a continuación.

Es un hecho que, en nuestra interacción con el resto de la especie humana, prejuzgamos a los otros en función de nuestro conocimiento o suposiciones sobre ellos. Es decir, que no escuchamos igual a alguien que creemos afín a nosotros que a otro que no lo sea, aunque nos digan lo mismo. Esto se aplica a cualquier ámbito: el político, el religioso, el deportivo, el literario, el culinario, etc. Por supuesto, también en el familiar (¿o es que escuchamos con el mismo interés a un nuevo amante que a nuestro ex-cónyuge, aunque digan exactamente lo mismo?). Con los nuestros, nuestros afines, bajamos la guardia; con los demás, la subimos. Hacemos difícil el entendimiento. Es fácil comprobarlo. Con las novelas pasa exactamente así. Prejuzgamos al autor, lo que influye en la compra del libro y, sobre todo, en la lectura. Y esto tiene de negativo que no lleguemos a captar el fondo, la sustancia, lo que trascendía de la historia, lo que nos hace ver la comprensión que el autor podría tener de la naturaleza humana y que nosotros, lectores, queremos palpar para, tal vez, entenderla y reducir parte del desconcierto en el que estamos sumidos. Por ello, sólo reduciendo nuestras defensas lectoras, aumentando nuestra confianza, se podrá llegar a encontrar el tesoro que colocó el autor. Así es que, ya sabes, cuando leas, baja la guardia.

Y ya he hecho algo que no quería hacer: dar un consejo; por eso este artículo lo titulé "Cómo leo" y no "Cómo debes leer" o "Cómo leer mejor", tras dar por hecho que nadie debería dar recomendaciones en esta materia. Como mucho podría hablar de mi experiencia lectora, por si a alguien más pudiera serle útil.

Con la guardia baja, normalmente solo y en silencio, es mi disposición óptima para ponerme a leer; a partir de ahí me dejo llevar. De inmediato, aparecen sensaciones y me identifico con algunos personajes que me hacen sufrir o alegrarme. Avanzo con ellos y al final termino el libro ¿y ya está? ¿Eso ha sido todo? Puede ser, pero no suele ser así. De hecho suelo hacer esto:
  • Antes de comenzar una novela me gusta leer sobre la vida el autor. Quiero saber cómo es/era, qué ha hecho hasta ahora, dónde vive/vivía. Su biografía, vamos. Si es posible, miro una fotografía/cuadro suyo para verle la cara y mirarle a los ojos. Para todo esto, internet y la Wikipedia son perfectos. Es más, si son autores con grabaciones de audio o vídeo, las rescato para oírlas. De esta forma consigo que, cuando estoy leyendo el libro, me parezca oír al propio autor narrándome la historia. No hay nada mejor que escuchar al autor leer su obra.
  • Necesito empezar varias veces cada nueva novela. No es extraño que el primer capítulo lo tenga que leer cinco o más veces hasta que los personajes se me hacen familiares y he podido elaborar en mi mente el ambiente, el contexto donde se desarrolla la historia. Como en la construcción de una vivienda, necesito contar con unos buenos cimientos que me permitan avanzar después sin sobresaltos.
  • Anoto en un papel el nombre de los personajes principales que van apareciendo y añado un breve perfil de cada uno incluyendo la relación que tiene con los demás. Es frecuente que acuda a esta lista de personajes para entender bien alguna escena mientras avanzo en la lectura.
  • Al finalizar cada capítulo/apartado comento lo que más me ha gustado de los mismos; no se trata tanto de ir resumiendo el argumento o la trama como de dejar constancia de las emociones/sensaciones que me han producido.
  • Anoto las frases del texto que me han parecido más brillantes para releerlas más adelante. El número de frases que apunto suele ser un buen indicador de la calidad literaria de una novela, al menos para mi detector interno de calidad, no homologado, por supuesto.
Viendo esto dirás que, claro, yo leo así porque pretendo, a mi vez, escribir. No es así. Este procedimiento lo vengo siguiendo desde hace muchos años, bastante antes de decidirme a escribir una novela. Y lo empecé a hacer por aquel "¿y ya está?" que cité antes. Después de haberme pasado horas y horas leyendo una novela, lo que significaba haber participado en su mundo y su historia, me quedaba de pronto huérfano de nuevas emociones ligadas a la obra. Necesitaba escribir sobre lo que leía para intentar que así permaneciera más tiempo en mí. Supongo que es el mismo motivo por el que hacemos fotografías de los lugares que nos han gustado: para intentar aprehender y conservar algo de ellos. Pues relee, me podéis decir. Pues sí, no hago ascos a una buena relectura pero el tiempo es finito, no puedo releer todo lo que me gustaría y tengo que seleccionar. Con la rápida lectura de las notas de una novela consigo, no sólo mejorar mi experiencia lectora mientras la estoy leyendo, sino que también me ahorro volver a leerla entera (aunque, como me ha pasado alguna vez, aumento el deseo de volver a releerla; todo depende de los recuerdos que me evoquen las notas que tomé en su momento).

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13 comentarios:

  1. Pues yo sí cambié mi forma de leer cuando empecé a escribir. Si considero el libro literariamente bueno, a veces me leo una página cinco o seis veces , absorbiendo cada vocablo, cada construcción, ahora tardo mucho más que antes en leer un libro. Si considero el libro flojo o poco interesante literariamente, me lo meriendo rápido o lo dejo. Pero los que me aportan, uf, esos los relamo y los vuelvo a relamer y a releer, por supuesto.
    Muy buen post.
    Besos

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    1. Está claro que tengo que importar algo de sabiduría vienesa.
      Gracias por comentar, Celia.

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  2. Pues... yo leo. Devoro página a página y nada más. Releo mucho, también. Si un libro me gusta lo leo dos o tres veces más. En cada relectura se siente distinto, se aprecian más detalles. Pero sencillamente leo, a cualquier hora y tiempo, cuando tengo ganas, y dejo que las palabras me lleven. A veces (sólo a veces) anoto alguna frase que me guste en el celular o un anotador. Y ya.

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    1. Exacto, Marcela. La mejor fórmula para leer es con la que más disfrutes el acto de la lectura, y tú lo tienes muy claro. Enhorabuena. Además, el hecho de que suelas releer da una pista de que eres una lectora que no le importa conocer el final de la historia para leer algo; buscas renovar las emociones que sentiste en una lectura anterior. Buena señal.
      Gracias por pasarte por aquí, Marcela.

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  3. También me gusta volver a leer los libros no tan solo los que me gustaron si no incluso más los que me llegaron menos. Y por supuesto siempre subrayo frases que -por una u otra razón- me dicen algo. Saludos.

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  4. Pues yo, antes de abrir el libro , abro el corazón.
    Y funciona.
    Gracias Javier !

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    1. Felicidades, betiprest, porque conoces el secreto para gozar de la lectura.

      Gracias por compartirlo.

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  5. Marian, de Frontera Esdrújula, al aparato.

    Yo necesito cuaderno, boli, post-its y rotulador fosforescente. Y la perspectiva de un tiempo mínimo por delante. Escribo los nombres de los personajes y sus características más reseñables y pego la nota en el interior de la contraportada. Subrayo o repaso (rotu fosforescente) las frases que me llaman la atención y me llevan... me llevan. Después las transcribo en el cuaderno. Ni qué decir tiene que lo hago, sobre todo, con libros de reflexión, ensayos y filosofía. Y vuelvo sobre ellos como quien vuelve sobre su ración diaria de maná.

    Por cierto: un nutritivo post. ¡Saludos, Javier!

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    1. Gracias por comentar, Marian.

      Y las novelas, ¿cómo las lees? ¿Te dejas llevar y te olvidas de tomar notas, subrayar, etc. o también lo haces?; ¿tal vez no en una primera lectura, llamémosla, de placer, pero sí en una segunda más "profesional"? Soy curioso; lo sé.

      Saludos, Marian.

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  6. Como te digo, Javier. Depende de la novela, pero si es negra o de género detectivesco (con promesa de tramas y subtramas, tipo "La verdad sobre el caso Harry Quebert", la trilogía de Milennium, las de Harlam Coben, e incluso Falcó, con notas en el interior de la contraportada, donde escribo los nombres de los personajes y sus características. Si son cortas, como algunas de Baricco, Anna Gavalda o Erri de Luca, me voy fiando de mi memoria y solo subrayo lo que me llama la atención. También las palabras que desconozco, que normalmente van anotadas en el folio que me sirve de forro (no recobro la paz hasta que las desvelo).

    Un placer.

    Saludos, Javier.

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    1. Gracias, Marian. Se nota que eres una lectora meticulosa (como yo).

      Saludos.

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