"Capitulómetro" o cómo ver la tensión por capítulos

Ya sé que la literatura y las matemáticas no son muy amigas, como no lo son las emociones y la lógica. Por eso, cualquier análisis pretendidamente objetivo de una novela hay que mirarlo de reojo. Aún así me he lanzado a hacer una especie de radiografía de un borrador de novela y he montado en la aplicación Excel un cuadro de doble entrada, enfrentando los capítulos con los personajes.


Para hacerlo he puntuado la intervención de cada personaje en cada capítulo (eliminando aquellos personajes que aparecen sólo una vez en toda la novela o su intervención es irrelevante, en mi opinión). Y lo he hecho dando un punto cada vez que el personaje aparece en un capítulo y dos cuando, además, su intervención añade tensión narrativa.


Desde luego, soy consciente de que este procedimiento no es nada científico, dada la subjetividad implícita en él, pero yo diría que sin valorar los números en sí, aparenta un orden, una gradación que pudiera ser útil.


Este es el cuadro que ha resultado:


















Y así, puesto en forma gráfica:




Qué conclusiones puedo sacar de la novela analizada a la vista de estos datos:


  • La novela tiene unos altibajos y una tendencia “in crescendo” que hacen que no decaiga la atención del lector: el planteamiento incrementa su interés hasta el capítulo 4; después el desarrollo tiene sus propias “cumbres” y “valles”, hasta alcanzar el desenlace, donde se mantiene la intensidad en niveles muy altos. No está nada mal.
  • El protagonista, Rafael, interviene en casi todos los capítulos aportando tensión, salvo en los capítulos 8, 9 y 12, en los que no participa y sí lo hace Daniel. En mi opinión, no es necesario ni hasta conveniente que el protagonista esté en todos los capítulos. Estoy pensando en Ana Karenina, en esta novela hay bastantes capítulos en las que la mencionada no aparece directa ni indirectamente y, desde luego, no es un mal libro, ¿verdad?
Después de hacer este ejercicio numérico, he caído en la cuenta que he hecho lo mismo que vienen haciendo algunos políticos y asimilados: justificar con números algo que ellos ya tenían en mente; antes de hacer el cuadro, yo ya había sido consciente de los altibajos de tensión y de la presencia y ausencia de determinados personajes. Pero, bueno, al menos el “capitulómetro” me ha servido para dejar tranquila mi conciencia, ¿o no?

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4 comentarios:

  1. Interesantísimo, Javier!! Pero si hago yo eso me vuelvo majara, a mí es que
    todo lo que huela a matemáticas me da vértigo, jajaja.
    Un abrazo

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    1. Gracias por pasarte por aquí, Celia.

      Precisamente esa aversión de algunos (muchos) creadores/artistas hacia todo lo técnico/científico/matemático fue lo que me impulsó a iniciar este blog. Siento la necesidad de poner mi granito de arena para que estos dos mundos se acerquen. Soy un convencido de que la ciencia puede hacer más bien que mal a la literatura (y viceversa).

      Un abrazo.

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  2. Hola, Javier! Menudo trabajazo! Desde luego es un sistema a tener en cuenta y que refleja muy fielmente lo que va sucediendo en la novela. Gracias por compartirlo! :D

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    1. Gracias a ti, por pasarte por aquí y comentar, Paola.

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