Impresiones de "El pensionado de Neuwelke”, novela de José. C. Vales

“En nuestro tiempo de realismos y descreimientos, apenas se atreve uno a declarar que el mundo es un lugar asombroso, lleno de misterios y maravillas incomprensibles; sin embargo y por fortuna, el mundo no es tan simple y tan vulgar como creen quienes son incapaces de asombrarse ante el agua, una manzana o una luciérnaga. Si los simplistas se permitieran un instante de reflexión, admirarían esos objetos con un asombro cercano al anonadamiento. Además, el mundo no sólo es maravilloso, enigmático y misterioso, sino que parece la mismísima imagen de una fertilidad desbocada, repleta y llena de miles y millones de objetos y seres, formando un caos que sólo la presunción y el envanecimiento pueden considerar sometido al imperio de la razón y la ciencia. Por fortuna más que por desgracia, nuestro universo es caótico, azaroso, incomprensible y sorprendente, y no admirarse ante el monumental desconcierto de la vida sólo revela una cierta incapacidad para gozar de ella.”

Cuando oí a José C. Vales, el autor de El pensionado de Neuwelke, leer el fragmento anterior de su novela, incluido en el prólogo, supe que quería leer el libro a pesar de tratarse de una novela de un género literario al que no soy aficionado, el gótico. Cuando, finalmente, leí el resto de la obra comprobé que no se correspondía con lo esperado de aquel fragmento. Lo que no quiere decir que no me agradara su lectura sino que quería más, seguramente condicionado por el argumento y la ambientación del género gótico, tan exagerados para mis gustos literarios.

De hecho, la obra está escrita en un estilo impecable y algunos de los capítulos rozan la genialidad como aquel en el que se nos descubre un suicidio: mientras camina, el jardinero Jonas Fou’fingers reflexiona y se se cruza primero con Leónidas Buch y David Whimple, mientras hablaban entre ellos, y después con un grupo de tres alumnas y sus amigas. El jardinero impone un ritmo lento al capítulo a pesar, o mejor dicho porque, el autor sabe que el lector está impaciente por conocer el desenlace. En esta escena, como en todo el libro, hay una dosificación premeditada de la entrega de información; esta evidente artimaña no reduce lo más mínimo lo que es más interesante para mí: la gracia narrativa con la que está construida la escena.

En definitiva, una buena novela con algunos momentos especialmente logrados. Lo que no me consiguió emocionar la historia que se contaba, sí lo hizo la técnica con la que está narrada.

Aparte del fragmento del inicio, resalto estas otras frases [mis comentarios entre corchetes]:
  • “En fin, pocas cosas hay más desconcertantes que un maestro que no quiere enseñar a un alumno que no desea aprender.” [el libro está lleno de dualidades como esta].
  • “Con precisión quirúrgica de matarife soñoliento.” [desconcertantes dobles adjetivos].
  • “Hay algo realmente encantador en este tipo de personas en las que no existe el cálculo social, del mismo modo que hay algo profundamente desagradable en quienes hacen gala de su conocimiento de los espíritus ajenos” [la segunda parte de la frase me convence, pero aún menos la primera].
  • “Así son los ministros de los dioses: benevolentes con los pecadores que gozan de la vida e implacables con quienes no pudieron soportar el dolor de vivir” [a cuento de la negativa de las iglesias a enterrar a los suicidas].


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