Charla con alumnos de un colegio madrileño

Autor: Arqet~commonswiki
Hace un tiempo, un prestigioso colegio madrileño me invitó a hablar de mi experiencia como escritor, particularmente como novelista y bloguero, dentro del Certamen de Literatura que convoca anualmente. Me encontré rodeado de dos grupos sucesivos de niños y niñas de doce y catorce años. Ellos sentados en el césped, yo de pie.


Tras las presentaciones, hablé de mi corta trayectoria como escritor, de mi reciente novela "Viento" y de mi actividad como bloguero convencido de la más que conveniente relación entre literatura y nuevas tecnologías. Lo tenía preparado y me dejaron hablar, pero al poco tiempo llegó el turno de los chavales. Improsivamos un mini-taller de creatividad en el que nos lanzamos a inventar entre todos un cuento sobre la marcha. Inicié con una frase cualquiera y uno de ellos la continuó, después otro, más tarde dos querían seguir a la vez; hubo que ralentizar su entusiasmada participación. La experiencia había sido un éxito: sin apenas darse cuenta, habían montado una historia y demostrado que tenían imaginación y creatividad de sobra para narrar. Curiosamente, el grupo de doce años fue más creativo que el de catorce; sospechamos que la censura social que empezaban a autoejercerse era la responsable de ese comportamiento diferenciado.

Les expliqué que la apelación a la creatividad era la primera fase de la escritura, que después se necesita profundizar en una segunda etapa no menos importante: la revisión y reescritura. Y también, hablamos de la "Teoría de la cebolla" aplicable a la novela: tras una capa exterior con las peripecias de los personajes deben existir capas más profundas con los significados y temas que el autor haya pretendido incorporar en su relato.

Finalizamos con el turno de preguntas. Nuevamente, los niños y niñas más jóvenes fueron los más participativos, tanto que me faltó tiempo para responder a todas las cuestiones que me plantearon. Preguntas directas, frescas, nada afectadas, como suelen ser las de los adultos, hechas claramente porque les interesaba saber.

Sin duda una de las experiencias más gratificantes y emocionantes hasta ahora, con ocasión de mi nueva dedicación como escritor.


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