Reseña de "Sumisión", novela de Michel Houellebecq

Una curiosa mezcla de política-ficción con pornografía y trascendencia. Un profesor universitario, trasunto de la sociedad francesa, ya en su madurez se encuentra con un mundo nuevo que le hace replantearse su propia vida. Ese mundo que parecía amenazante parece convertirse en su salvación.


Una historia contada en primera persona con las memorias de los sucesos ocurridos en un pasado lejano; sucesos que, en realidad transcurren sobre el 2022, en una Francia reconocible, aunque con sutiles cambios.

En realidad no deja de ser una reflexión bajo el formato de una novela cómica, sobre el origen y destino de una civilización europea bajo la influencia del islamismo y su sentido de la sumisión, de ahí el título, tanto de la mujer al hombre, como de este a Dios.

Pocos personajes para cinco capítulos que se leen con interés gracias a un lenguaje directo, a veces casi obsceno que, sin embargo, no duda en alardear de culto.

Algunas frases interesantes:
  • El amor en el hombre no es más que agradecimiento por el placer que se le ha dado...
  • Callé metódicamente: cuando uno calla metódicamente mirando con fijeza a los ojos del interlocutor, dando la impresión de estar bebiendo sus palabras, las personas hablan.
  • Mi cuerpo era la sede de diversas afecciones dolorosas —migrañas, enfermedades de la piel, dolor de muelas, hemorroides— que se sucedían sin interrupción, sin dejarme prácticamente nunca en paz, ¡y solo tenía cuarenta y cuatro años! ¿Cómo sería cuando tuviera cincuenta, sesenta o más…? Entonces no sería más que una yuxtaposición de órganos en lenta descomposición, y mi vida se convertiría en una incesante tortura, monótona y sin alegría, mezquina.
  • La verdad era que no conocía casi nada del sudoeste, solo que es una región donde se come confit de pato; y el confit de pato me parecía poco compatible con la guerra civil. En fin, también podía equivocarme.
  • Al verla atareada frente a la encimera, provista de un delantal de cocina con un chiste del tipo «No riñan a la cocinera, aquí manda el jefe», costaba imaginar que unos días atrás impartía unos cursos de doctorado sobre las circunstancias tan particulares en las que Balzac corrigió las pruebas de Béatrix.
  • Eso era amable, hacer como si nuestro amor en cierta forma se hubiera roto por el torbellino de las convulsiones históricas; es evidente que no era muy honesto, pero era amable.
  • ... el pasado siempre es bonito, y también el futuro, solo duele el presente y cargamos con él como un absceso de sufrimiento que nos acompaña entre dos infinitos de apacible felicidad.

2 comentarios:

  1. Coincido contigo Javier en tus comentarios sobre la novela y me gustaría añadir que la 'sumisión' de la que nos habla Houellebecq abarca más á,bitos de los que puede parecer a primera vista.
    La leímos en el club de lectura al que pertenezco y te puedo decir que dio pie a bastante controversia. Yo estuve alineado con los que la consideraron una novela interesante y, por tanto, recomendable.

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    1. Efectivamente, Toni, solo el hecho de que una obra dé pie a diversas interpretaciones ya es indicio de su calidad. Es una obra "engañosa", en el buen sentido, por parecer lo que no es y ser más de lo que parece.

      Espero seguir disfrutando de tus comentarios.

      Gracias por leer y comentar este artículo.

      Un saludo.

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