Habla el protagonista de "El extranjero", la novela de Albert Camus

Me pregunta Javier por el tema de esta novela, que narré hace más de setenta años y que escribió Albert Camus. Sí, soy Maursault, el protagonista del libro.


El tema. Conté lo que me sucedió en aquellos meses, antes y después de los disparos, sin pensar que lo que decía obedeciera a una idea oculta. Y es que no creo en conceptos como lo que se suele llamar el tema. No es más que una construcción que hacen los humanos para intentar reducir la incertidumbre de su existencia. Las cosas son como son y pasan sin que haya que buscarles un origen. Bueno, tal vez, podría existir una causa biológica o genética o hasta matemática, si me apuran. Pero es algo que, en cualquier caso, se nos escapa, nos excede.

El tema. Habité las páginas del libro de Camus porque tuve que hacerlo, pero si no lo hubiera hecho, tampoco habría pasado nada. El mundo sería el mismo sin mí, incluso sin Marie, la mujer que me daba placer. Hubiera bastado que no hubiera existido mi madre, así ella no habría muerto y no habría pasado lo que pasó.

El tema. Recuerdo que el sol cubría todo con su luz cegadora. O como me hizo decir Camus: «el cielo se abría en toda su extensión para vomitar fuego». Casi no podía respirar. Las ideas me resbalaban licuadas por la nuca. No podía ni echar de menos los besos de Marie. Estaba en la playa abrasadora y eso bastaba. Después de todo, estaba vivo. Podría haber esperado que algo cambiara en el futuro. Tampoco me importaba que no lo hiciera. Por eso no esperé que cambiara.

El tema. Hasta en la cárcel encontraba motivos para estar cómodo. Me visitó un abogado, me sermoneó un cura. También se acercó Marie. Todos ellos, llegaron, dijeron cuatro palabras que casi no entendí, porque no me interesaban, y se fueron. Al final, uno está solo con su vida. Esa es la verdad, por mucho que algunos se autoengañen y confíen que los demás les ayudarán. Se equivocan. Yo lo sé. Pero hasta en la cárcel me consolé, por eso llegué a decir en la novela que mi «mamá decía con frecuencia que uno no es nunca completamente infeliz». 

El tema. Unos se sienten satisfechos creyéndose que con esta novela yo pretendía mostrar los efectos de una vida anodina, sin emociones. Otros se conforman con suponer que quería hacer ver las consecuencias de una sociedad regida por las apariencias. Otros..., qué más da. Lo mismo todos tienen razón, pero yo no lo sé.

El tema es que no hay tema, Javier. Lee El extranjero, léeme a mí y saca tus propias conclusiones. Las que sean. Hazlo sin engañarte. Como serán las tuyas, serán las buenas.

Y ahora me retiro a descansar de mí; y recuerda que, como dije en la novela: «Desde el  momento en que se muere, el cómo y el cuándo, no importan, es evidente».

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Redes sociales