Abandono "Los reinos de la casualidad", la primera novela de Carlos Marzal

No recuerdo cuándo fue la última vez en la que, después de haber leído una buena parte de una novela, hubiera decidido abandonar su lectura. Lo reconozco, a "Ulises", de James Joyce, y a "El otoño del patriarca", de Gabriel García Márquez, también renuncié a leerlas, pero fue tras el contacto fugaz de unas pocas páginas, no después de leer 236, como he hecho en "Los reinos de la casualidad"; parecen muchas páginas, y lo son, ya que la novela tiene 784.


Me di por vencido cuando aún me faltaban otras 548 páginas, demasiadas considerando el esfuerzo que me había llevado leer las primeras doscientas. Un esfuerzo provocado, paradójicamente, por la altísima calidad del texto. "¿Cómo, lo has dejado por la calidad de la novela?", preguntaréis, "¿acaso prefieres leer libros de peor factura?"

Desde luego, reconozco que el autor ha debido de trabajar la obra hasta niveles de detalle que casi no puedo concebir por la minuciosidad y la precisión con que está escrita cada frase. Pero, ese nivel de detalle obliga a leer la novela con "los cinco sentidos" para no perderse el derroche de significados que contiene; una concentración intelectual que impide, por lo menos a mí, seguir con fluidez el hilo de la historia y, lo que es peor, llegar a emocionarme con ella. Es un poco contradictorio, pero leer una prosa tan bella me deslumbra tanto que me deja frío. Algo así como lo que me pasa con la poesía, que no consigo que me enganche al ser incapaz de valorar adecuadamente aspectos tales como el ritmo o el poder evocador de las palabras. Carlos Marzal ha sido poeta antes que novelista y tengo la sensación de que "Los reinos de la casualidad" es poesía escrita en prosa, de ahí mi dificultad para apreciar todo su valor.

Lo anterior unido a un estilo digresivo y a una estructura, original, pero desconcertante, con cinco capítulos "cortos" iniciales de unas cincuenta páginas de media cada uno más un capítulo final de más de quinientas, hacen que la lectura de esta más que novela sea realmente difícil y, en mi opinión, sólo accesible o, mejor, "disfrutable" para personas más formadas o, al menos, más leídas que yo. De ahí que no descarte que, más adelante, continúe con la lectura de "Los reinos de la casualidad" y consiga terminarlo.

El comentario anterior no impide, más bien al contrario, que muestre algunos pequeños ejemplos de auténticos diamantes en forma de frases:

  • "El festín de la sabiduría contemporánea se guisa con varios kilos de cabecitas locas, tres o cuatro litros de frivolidad, una cucharada sopera de metacrilato y unas cuantas gotas de aceite bronceador."
  • "El amor es la guía turística de edición única acerca de la única ciudad del universo, la novela desencuadernada que todos hemos manoseado al leerla con una sola mano, y cuyas aventuras sabemos de memoria, aunque –qué curioso-, nos empeñamos en volver a leer."
  • "Esa línea se tiende desde el principio de los tiempos y buena parte de la vida consiste en atravesarla, en pensar si se debería atravesar, en franquearla para volver sobre nuestros pasos, en cruzarla para averiguar que no dividía nada, en lamentar no haberla cruzado, en maravillarse del paisaje que se abre tras el alambre de espino que la limita, y en un millón de variaciones sobre el mismo tema fronterizo."

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Redes sociales