Mi lectura de Obabakoak, un libro de cuentos de Bernardo Atxaga

Fiándome de las recomendaciones de lectura que voy recopilando (y que gestiono como indicaba en este artículo de hace algún tiempo), inicié Obabakoak sin saber que era una recopilación de cuentos. Cuando lo supe, tras leer el primer relato, me fastidió, pero seguí.

Me gusta leer buenos relatos sueltos de vez en cuando, pero la lectura continuada y durante días de cuentos de un mismo autor va minando mi interés poco a poco, de ahí que prefiera leer novela. Un cuento busca interesar en sí mismo, como lo haría una bengala, de forma repentina pero intensa; en una novela hay más facetas a valorar: la construcción de los personajes que, con el tiempo, se van haciendo familiares y hasta queridos; una intriga que puede hacerse creciente, pero muy poco a poco y no de forma abrupta como en un cuento; unas subtramas que completan, dan sentido y hasta permiten relajarse al lector si la trama principal es muy intensa, y mucho más. Diría que en el cuento se narra como con prisa por acabar ya que, si se demora, se corre el peligro de convertirse en una "casi" novela corta, que no llega a ser novela ni cuento (aunque hay excelentes ejemplos que no voy a recordar aquí).

Después de este preámbulo medio justificativo de mi poca predilección por las recopilaciones de cuentos (alguien pensará que estoy lleno de prejuicios y no se equivocará), comentaré mi experiencia lectora con Obabakoak, el libro de Bernardo Atxaga.

Bajo el formato de cuentos surgidos en un encuentro de amantes de la literatura, se presentan relatos de muy diversa factura y, en mi opinión, con resultados no siempre excelentes aunque satisfactorios en cualquier caso. El nexo común de todos ellos es Obaba, una ciudad imaginaria en la que se desarrollan todas las historias; en ocasiones con personajes que participan en dos cuentos. Sin embargo, no he encontrado otros hilos conductores que hilvanen las historias y den un sentido al conjunto, de forma que hagan sentir al lector que se encuentra ante una obra con un tema subyacente y no una mera recopilación de relatos.

En cualquier caso, como creo que he comentado ya en alguna otra ocasión, me basta con que uno solo de los cuentos haya sido excelente para justificar el tiempo que he necesitado para leer el libro completo. Es más, me habría bastado con una sola frase que brillara y que yo conectara con ella para sentirme satisfecho; y de estas ha habido bastantes. Los tres relatos que han sobresalido sobre los demás son los titulados: "Esteban Werfell" (con el que se abre el libro), el quinto cuento de "Nueve palabras en honor del pueblo de Villamediana") y, por último, "Para escribir un cuento en cinco minutos", que pertenece al grupo final titulado "En busca de la última palabra", cuya subtrama, la del grupo final no la del cuento citado, va de lagartos y de la posibilidad de que se introduzcan por las orejas de las personas y que provoquen locura además de sordera, subtrama a la que no le he encontrado sentido ni aun tras conocer su desenlace.

En total, treinta y cinco cuentos, muy bien escritos aunque con una intensidad narrativa irregular.

Ahora, unas cuantas frases que he resaltado por lo que denotan o por lo que connotan (perdón por la licencia academicista):

  • "Al fin y al cabo, soy un hombre que siempre se ha dedicado a la enseñanza, y ya se sabe que la tarima de las aulas propicia más el estreñimiento que la aventura."
  • "No me preocupa que tengas pájaros en la cabeza, lo que me preocupa es que siempre sean los mismos pájaros."
  • "¿Qué era la soledad? Pues una situación en la que hasta el tictac de un reloj se convierte en compañía."
  • "Porque si uno tiene en casa, pongamos por caso, una cucaracha, y va un día y la bautiza con el nombre de José María, y luego anda todo el tiempo que si José María por aquí, que si José María por allá, resulta que muy pronto el bicho se convierte en una especie de persona pequeña y negra, que será, además, tímida o enojadiza, o bien un poco presumida."
  • "Sólo la gente mediocre se enorgullece de lo que no le gusta."
  • "... quizá Menscher estuviera realmente loco, porque sólo los locos pueden soportar la sonrisa burlona de sus interlocutores."
  • "... el miedo era el peor de los consejeros: ocultaba los caminos que llevaban a la salvación e iluminaba, en cambio, los que bajaban directamente al abismo."



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